Xabi Alonso cumplirá 200 días como entrenador del Real Madrid. Más de seis meses de agonía para el tolosarra en un banquillo en el que las presiones de los despachos y los egos del vestuario han terminado por provocar un golpe de timón del técnico, quien se ha rendido a la voluntad de los futbolistas. El vasco ha lidiado con una situación insostenible ante las advertencias de Florentino y los constantes desafíos de los jugadores. Esta es la cronología de cómo el vestuario ha hecho la cama al entrenador.
Primera bronca con Vinícius en julio
Xabi Alonso aterrizó en Estados Unidos con el Real Madrid el 14 de junio para alojarse en el hotel Four Seasons de Palm Beach, donde comenzó a preparar su debut en el Mundial de clubes. Fue el 18 de junio contra el Al Hilal en el Hard Rock Stadium de Miami. Vinícius, que llegó un día después a la concentración blanca, fue titular ante el Al-Hilal, Salzburgo, Pachuca, Juventus y Dortmund. Pero el 9 de julio, cuando Mbappé ya se había recuperado de una gastroenteritis severa, el brasileño fue informado en el hotel que sería suplente en la semifinal ante el París Saint-Germain. El jugador se enfureció protagonizando una bronca que concluyó con una llamada a Florentino Pérez para advertirle que no tenía “ninguna química con el entrenador” y “que eso no ayudaría a la renovación”. Finalmente fue titular debido a la oportuna lesión a última hora de Trent Alexander-Arnold en una tarde aciaga que acabó (4-0) para los de Luis Enrique y que trajo el primer golpe de realidad al proyecto de Xabi. Allí mismo se produjo la primera conversación de muchas entre Xabi y Florentino sobre su forma de gestionar el vestuario.
Arrancó la pretemporada con un Alonso enérgico y determinado a implementar su plan de juego en el Real Madrid. Xabi mantuvo firme su apuesta por la meritocracia y en el segundo partido en Oviedo, a mediados de agosto, Vinícius volvió a ser suplente. El brasileño resolvió el choque saliendo del banquillo con una asistencia y un gol, y el Real Madrid llegó al parón de selecciones de septiembre habiendo ganado todos los partidos. Pese a ello, Florentino volvió a reunirse con el técnico y le insistió con el rol de Vinícius, al que calificó como “patrimonio del club”. En los cinco primeros partidos de Liga el brasileño fue sustituido en cuatro y suplente en el quinto. Y tanto el futbolista como sus agentes seguían tensando la cuerda con la renovación.
Hasta finales de septiembre no llegó la primera derrota madridista. Todo parecía marchar bien hasta que Alonso se traicionó a sí mismo, por primera vez, colocando en el once a un renqueante Bellingham en el Metropolitano. El Atlético goleó a los blancos (5-2), pero del derbi salió el tolosarra con un nuevo enemigo en el vestuario: Jude. Al inglés, jugador “de carácter especial” según su seleccionador Thomas Tuchel, no le gustó ser señalado como culpable de la hecatombe en el Metropolitano. Xabi apostó por él sorprendentemente rompiendo la meritocracia y relevando a Mastantuono. El primer renunció que luego terminó confirmando lo que aquel día comenzó a sospechar la clase media del vestuario: Xabi se rendía a las ‘vacas sagradas’. Desde entonces nada volvió a ser igual.
Xabi Alonso acude a la rueda de prensa antes del partido ante el Kairat Almaty en Kazajistán / MAXIM SHIPENKOV / EFE
El viaje a Almaty lo pudrió todo
Tres días más tarde, el 30 de septiembre, y aún relamiéndose las heridas por la goleada ante los rojiblancos, se produjo un viaje de Champions a Almaty que lo cambió todo para Xabi. Alonso consiguió terminar de enfadar a Bellingham, al dejarle en el banquillo, algo que confirmaba las sospechas del inglés de ser el chivo expiatorio por lo ocurrido en el Metropolitano. Y tampoco le hizo ninguna gracia viajar nueve horas hasta Kazajistán para jugar diez minutos, ya que saltó al campo en el 80 para suplir a Arda Guler. El malestar de Bellingham escaló más arriba porque sus quejas llegaron a Florentino. Un desencuentro que el inglés ha alimentado por su perdida de jerarquía con los constantes cambios tácticos en la pizarra del donostiarra.
Sin embargo, en Almaty le explotó al técnico una tercera bomba en el vestuario: el capitán Federico Valverde. Al uruguayo, muy desdibujado en la medular, Xabi terminó encontrándole acomodo en la derecha para cerrar el lateral por la lesión de Carvajal. Pero el charrúa viendo cómo otras vacas sagradas presionaban al técnico, decidió poner pies en pared. En la rueda de prensa previa en Almaty, Valverde sorprendió a todos, incluido el técnico: “No nací para ser lateral, no crecí ahí. Me he ganado mi lugar en el centro del campo, el míster sabe que no me gusta jugar mucho de lateral”. La declaración molestó al vasco, que lo sacó del once, en el que estaba previsto que jugase ante el Kairat. Y el uruguayo convirtió su desafío en órdago al ausentarse del calentamiento.
No había comenzado octubre y Xabi ya tenía en contra a Vinícius, Bellingham y Valverde. De hecho, en Almaty también Vinicíus le hizo un desplante al ser sustituido en el minuto 70, cuando los blancos ganaban por dos goles un partido que cerraron (0-5). El ambiente comenzaba a ser muy tenso y todo llegaba a oídos de Florentino. Aún se produjo un episodio más en el pulso entre la plantilla y el entrenador en el siguiente partido. Los jugadores desobedecieron a Xabi con la gestión de los lanzamientos de penaltis. Ante el Villarreal, en el primer partido de octubre, y pese a la orden taxativa de que los ejecutase Mbappé, este se lo cedió a Vinícius. Gesto de Kylian que el vestuario leyó como un acercamiento del francés al brasileño en medio del pulso con el técnico, por más que el galo estuviese en la trinchera de Xabi.
El desaire del Clásico, el inicio del fin
Días después de ese partido, y mientras se producía el parón de selecciones de octubre, Florentino celebró otra reunión con el técnico en la que le mostró su preocupación por el ambiente que se estaba generando. Estaba claro que había un pulso y salvo Mbappé, los pesos pesados del vestuario no estaban del lado del entrenador. Alonso escuchó al presidente y le intentó tranquilizar. Pero el 26 de octubre, mientras el Real Madrid ganaba al Barça por primera vez un año y medio después, todo saltó por los aires. Eran las 17:42 horas y corría el minuto 71 de la segunda parte del Clásico en el Bernabéu cuando Chendo levantó el cartelón y Vinícius descubrió que el sustituido era él. El brasileño entró en cólera al ver que Xabi volvía a relevarlo. A nadie extrañó la reacción furibunda del futbolista, que hacía tiempo que había declarado la guerra al tolosarra.
De poco sirvió la conversación previa de Florentino con Alonso, que no le hizo caso y volvió a señalarlo. Pérez le había advertido claramente quince días antes que no compartía su forma de gestionar el rol del brasileño, pero el vasco decidió ser fiel a sí mismo y le sustituyó. Fue su último desafío al vestuario. Florentino, molestó con el técnico por no atender a sus consejos, le abandonó a su suerte y no le respaldó ante Vinícius, dejándole a los pies de los jugadores. Incluso informó a Xabi que el club no sancionaría al carioca. Posteriormente, Pérez obligó a Vinícius a pedir disculpas al vestuario y a la afición, con un comunicado, pero el brasileño lo usó para ningunear de nuevo al técnico, al que no nombró en su escrito ni tampoco se reunió con él. Sin embargo, y ahí terminó de hundirse todo, Xabi tiró la toalla y al siguiente partido, ante el Valencia, Vinícius fue titular…
Aquella decisión dejó vendido a Xabi ante los “malcriados”, como llamó Florentino a los jugadores el día que abandonó el Madrid en su primera etapa. Ese día ante el Valencia, los futbolistas dieron por amortizado a Xabi, tras verle claudicar ante Vinícius. El tolosarra recuperó el libreto de Ancelotti y las ‘vacas sagradas’ volvieron a jugar donde querían: Valverde en la medular, Vinícius a la izquierda y Bellingham de llegador. No había ni rastro del Madrid de autor de Xabi en el Mundial de Clubes. Arda es ahora el cambio recurrente, si no suplente, Mastantuono ha desaparecido y Gonzalo está aparcado en el banquillo. El vestuario ganó el pulso y el equipo se acomodó, saliendo de Anfield con una derrota mínima gracias a una actuación enorme de Courtois. Las sospechas se confirmaron con tres empates en Vallecas, Elche y Girona que abrieron el debate de la continuidad del donostiarra.
Xabi se rinde al vestuario
Después de la victoria ante el Athletic, un miércoles, Xabi dio dos días libres a la plantilla, dejando solo una sesión para preparar el duelo con el Celta. Decisión que celebraron los jugadores y no gustó en la ‘T4’, como se conoce popularmente a los despachos. Ese sábado previo al choque con los vigueses, Xabi advirtió en sala de prensa: “Vinícius está en un muy buen momento personal y profesional”. El elogio gratuito al brasileño, con el que se abrazó en San Mamés, escondía una realidad bien diferente porque Vini suma ya 0 goles en 15 partidos: Japón, Getafe, Juventus, Barcelona, Valencia, Liverpool, Rayo, Senegal, Túnez, Elche, Olympiacos, Girona, Athletic, Celta y City. Un registro solo empeorado por Rodrygo, que sumaba 31 antes de marcar a los de Guardiola. Xabi siempre prefirió a Rodrygo antes que a Vinícius, lo que provocó las primeras rotaciones que generaron las broncas que han desgastado al técnico. Pep le daba el miércoles la razón a Xabi: “¡Qué bueno es Rodrygo! Es un jugador de otro nivel”.

Xabi Alonso, durante el partido de LaLiga entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid en el Metropolitano / Borja Sánchez-Trillo / EFE
Otros futbolistas han llevado en silencio su irrelevancia con Xabi. Ceballos nunca le entró por los ojos por su costumbre de conducir mucho la pelota y el problema con Brahim es que tiene demasiada competencia. El entrenador fue claro con ambos y les dijo que jugarían poco. Camavinga es otro jugador que no sintoniza con el vasco, hasta el punto de que en el club se sabe que no ve con malos ojos salir el próximo verano.
El caso de Endrick es diferente. El jugador, y especialmente su entorno, sí han hecho ruido. El día que el Real Madrid le dio la camiseta número 9 al brasileño, Xabi habló con Gonzalo y le dijo que su alternativa a Mbappé era él. Venía de ser el máximo goleador en el Mundial de Clubes y el tolosarra había encontrado en el canterano la energía que no le daban otros jugadores más aburguesados. Xabi abrió desde el primer día las puertas a una cesión de Endrick, decisión que no gustó en los despachos, dondele han bautizado como “cabeza cuadrada”.
Ahora, con Xabi con pie y medio fuera, ocurre algo paradójico. Siendo los jugadores quienes han provocado esta situación, además de sus bandazos tácticos, se afirma erróneamente que el vestuario quiere echarle. Falso. Es precisamente ahora, cuando los jugadores son conscientes de que han ganado el pulso, con la complicidad de Florentino, y de que tienen a su merced al tolosarra, cuando quieren que se quede. Porque quien venga les hará la vida más incómoda. Sea quien sea.
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