«Antes de cumplir los treinta, Jorge Martínez ya era como el dinosaurio del cuento: cuando llegó toda esa explosión de grupetes de los 80, él ya estaba ahí, más exigente y clarividente que cualquiera de ellos«. Andrés Montes habla con conocimiento de causa, estaba al frente de Discos Arrebato, junto a Julio César Iglesias, el sello independiente que editó el primer single de «Ilegales», un disco que en su cara A llevaba el tema «Revuelta juvenil en Mongolia» y en la cara B «La pasta en la mano», historias de perdedores en una Asturias donde la crisis industrial y económica ya se veía venir.
Dos jóvenes universitarios vieron el potencial de «Ilegales«, se tiraron a la piscina y ofrecieron grabar su primer sencillo a la formación original de la banda gijonesa, formada por Jorge Martínez con la guitarra, Íñigo Ayestarán al bajo y David Alonso en la batería, que ya había grabado algún tema en el disco colectivo que llevaba por título «Primera Muestra de Pop Rock en Asturias«, publicado por la Sociedad Fonográfica Asturiana. «Era el renacer de un formato que había desaparecido por completo, pero que era idóneo para un pequeño grupo. Sacamos grupos que habían pasado por el concurso de rock de Gijón y también el primer disco de ‘Paso de Cebra’, de Oviedo y a ‘Modas Clandestinas», comenta Montes de aquella aventura emprendida por dos universitarios que hacían también sus pinitos en los Cuarenta Principales de Radio Asturias, donde Alberto Toyos, apostaba y muy fuerte por dar cancha a grupos emergentes en la escena asturiana, justo lo que eran precisamente «Ilegales» en aquellos primeros años de los ochenta. A esas alturas, Jorge Martínez ya había dejado atrás «Madson» y «Los Metálicos» sus primeros bandas.
En la portada de aquel primer sencillo aparecía Jorge Martínez «con una estética muy mod, de los 70-80, con abrigo y corbata muy fina», detalla Julio César Iglesias. «Había dos Jorges, uno era Jorge Martínez; el otro era el Jorge personaje, el que iba con un stick de hockey y decía que iba a buscar pelea a la facultad», abunda Iglesias. «Se hacía notar, no pasaba desapercibido», afirma Montes de un Jorge Martínez que «ya no era un crío» cuando se grabó ese primer single en los estudios Norte de René de Coupaud y Pedro Bastarrica, al lado del Piles.
¿De qué iban aquellos dos temas primigenios? Abordaban un fondo similar, con protagonistas perdedores, inmersos en la más desabrida marginalidad y su estrategia vital ante semejante panorama. Pero el primer tema, «Revuelta juvenil en Mongolia», con sonidos punk y estrofas irreverentes tales como «Vente con nosotros, vamos a buscar líos, no seremos arrestados, ya no hay reformatorios», mientras que «La pasta en la mano» de la cara B elige ritmos más pop para contar la historia de una chica yonki con frases directas y cortas, fieles al manual de estilo que marcaría la trayectoria de Ilegales: «En el bolso escondes la chuta, no quieres que lo sepa él (…) Llevas la vida entre papel, te picas hasta en el reloj».
Como quiera que la piscina no tenía demasiada agua en aquella aventura emprendedora de dos universitarios en plena crisis ochentera en Asturias, Iglesias y Montes, acabaron deshaciéndose de Discos Arrebato, cuyos fondos, entre ellos los del primer single de «Ilegales», fueron a parar a la Sociedad Fonográfica Asturiana de Juan Taboada. «Fue una empresa ruinosa«, admiten. Aquellos dos temas, precisa Julio César Iglesias, no serían incluidos luego en el primer LP de la banda también titulado «Ilegales», pero sí aparecieron en el «Edición Deluxe», publicado en 2022, «con todas las canciones míticas de la primera etapa de Ilegales».
Perfeccionista, coleccionista de guitarras eléctricas, exigente con sus compañeros de banda y autoexigente, «de música lo sabía todo, decía el gran impacto musical que le habían causado Mike Kennedy y Los Bravos con el órgano sampler», rescata Iglesias de aquella etapa inicial. «Dos de sus grupos favoritos eran Code Blue y The Romantics», añade el que era una de las dos patas de aquel sello independiente que no ganó precisamente dinero con «Ilegales», pero sí buenos momentos en plena ebullición de la escena musical asturiana. Monrtes destaca otra de las señas de identidad que ha mantenido Jorge Martínez en sus conciertos, ya fuera en los primeros o en los más recientes: «Lo daba todo, acababa los directos totalmente agotado».
Un rockero de contrastes, sostienen Montes e Iglesias . «Todas las Nochebuenas me acuerdo de Jorge Martínez desde que coincidí una con él en el Alsa con paradas, de trayecto eterno, que iba a Gijón, me habló de su colección de soldados de plomo. Ahí vi el guaje que nunca dejó de ser«, revela el periodista Andrés Montes. «Hay un Jorge sensible, con alma poética que le distancia del Jorge más ‘Ilegal’, como aprecia en canciones como ‘Yo soy quien espía los juegos de los niños’ o ‘La casa del Misterio’», distingue el también periodista y escritor Julio César Iglesias.
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