Recuerdo perfectamente mi primer día en Mediterráneo, hace más de un cuarto de siglo. Quién me iba a decir que terminaría pasando buena parte de mi vida en estas instalaciones de la carretera de Almassora. Nerviosa y con bastante curiosidad, descubrí unas jornadas largas, en las que nunca sabías el horario de salida: si pasaba algo, se contaba. Tener la rotativa en el propio edificio era una ventaja… ¡y, según el día, todo lo contrario!
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