Se nos fue Alfonso Ussía, uno de los más grandes columnistas de las últimas décadas. Certero observador de la realidad, mordaz e incisivo, sin abandonar, no obstante, las exquisitas formas propias de la educación recibida. Para mí era una delicia leer su columna diaria, que no abandonó hasta poquísimos días antes de su fallecimiento, empezando el día con alguna de las sonrisas que casi siempre lograba arrancarme.
Había heredado la facilidad literaria, y sobre todo su inigualable vena satírica, de su abuelo materno don Pedro Muñoz-Seca, autor de «La venganza de don Mendo». Fue hombre de ideas claras y lealtades probadas. Conservador y monárquico sin complejos. Sus ideales le venían también por genética. Su padre fue el segundo conde los Gaitanes, uno de los aristócratas más leales al Conde de Barcelona, en los tiempos difíciles de exilio en Estoril.
Dominó los medios escritos y radiofónicos saltando de unos a otros cuando la coherencia con sus ideas y principios se lo exigían, pero siempre con éxito de lectores y seguidores. Entre tanta veleta a merced del viento dominante, Ussía siempre defendió sus convicciones sin vacilación alguna. Aunque ello conllevara poner en riesgo su vida, pues no le faltaron amenazas de alguna banda terrorista, o reproches cuando se atrevió a denunciar, sin tapujos, la hipócrita equidistancia de algún prelado del País Vasco.
También prolífico novelista, destacó la genial saga dedicada a su personaje más célebre: el marqués de Sotoancho. Con sus andanzas quedaba magistralmente retratada, con ironía ácida pero también por momentos con entrañable ternura, esa nobleza crepuscular que él tan bien conocía.
Siendo madrileño de nacimiento y vecindad, era un enamorado del Norte. Quizá por sus juveniles veraneos en un San Sebastián que con el tiempo, y por razones que no es preciso explicitar, se le hizo incómodo. Por ello no es de extrañar que pasara los últimos años de su vida en la localidad cántabra de Ruiloba, cercana a Comillas, donde le sorprendieron la enfermedad y la muerte.
Por diferentes circunstancias también conocía bien Gijón. En sus artículos no perdía ocasión de recordar que la práctica del británico «croquet» había entrado en España por Somió y Jerez de la Frontera. Pero la conexión gijonesa le venía sobre todo de su admiración por el genial humorista y poeta local Luis Fernández Valdés, «Ludi», autor de «Un kilo de versos». Como su abuelo materno, fue vilmente asesinado en la guerra civil por quienes no toleraban otras ideas que las suyas propias. Ussía lo incluyó en su obra «Coñones del Reino de España», y citaba sus versos con bastante frecuencia. Descanse en paz don Alfonso, y que el Señor le conceda un merecido descanso, junto a nuestro querido Ludi, en una Jaralera eterna.
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