- Marketing criminal en la red
- El papel de las agencias y la responsabilidad digital
- Un terreno abonado: la desinformación y la monocultura digital
- Inteligencia artificial al servicio del delito
- Un ecosistema donde nada es lo que parece
- Nuevas normas y una ética necesaria
Es una estrategia silenciosa que aprovecha la confianza del público y que, según los expertos en seguridad, será uno de los grandes riesgos de 2026.
El caso de la presunta estafa de la web sietevuelos.com, promocionada por unas cuarenta creadoras de contenido, ya anticipa el alcance de este fenómeno.
Marketing criminal en la red
Los especialistas de ciberseguridad de la empresa informática NordVPN alertan de que las organizaciones delictivas operan hoy con estructuras que imitan a las empresas legales, incluidas áreas de comunicación dedicadas a sembrar hábitos inseguros entre los usuarios.
Estas redes, cada vez más profesionalizadas, invierte grandes cantidades de dinero en contratar o crear influencers capaces de amplificar sus fraudes.
«Las organizaciones criminales, que a veces están mejor ordenadas que muchas empresas legales, cuentan con equipos de marketing dedicados a promover hábitos inseguros para que los usuarios permanezcan vulnerables», advierte la compañía.
En este contexto, la figura del influencer se convierte en un medio ideal para legitimar plataformas fraudulentas ante millones de usuarios.
Eso fue lo que ocurrió con sietevuelos.com, que ofrecía paquetes turísticos irresistibles con vuelos y alojamiento por mil euros. La página desapareció después de que decenas de afectados denunciaran no haber recibido ni billetes ni reservas.
Entre quienes la promocionaron estaban Teresa Andrés, Adara Molinero, Naomi Asensi, Oriana Marzoli y María Brun, que suman más de doce millones de seguidores en Instagram.
El papel de las agencias y la responsabilidad digital
Tras el estallido del caso en junio de este año, las creadoras eliminaron la publicidad y señalaron la responsabilidad de sus agencias de representación.
«Las agencias se llevan un porcentaje de nuestro trabajo y se tienen que asegurar de que nos paguen, de que la marca sea legal y de que no sea una estafa», afirmó en ese momento Adara Molinero.
Según su versión, fueron las agencias quienes validaron la campaña y garantizaron que todo era seguro.
Las agencias, por su parte, aseguraron que tampoco cobraron el importe pactado y que habían iniciado medidas legales. Incluso habilitaron un correo para canalizar las reclamaciones de los afectados.
El incidente reabre un debate urgente: ¿quién debe responder cuando un influencer difunde un fraude masivo?
Un terreno abonado: la desinformación y la monocultura digital
El entorno tecnológico actual facilita este tipo de engaños.
Los expertos advierten de la creciente monocultura en internet, donde millones de usuarios dependen de los mismos servicios en la nube o de las mismas plataformas de contenido. Una sola vulnerabilidad puede afectar a una parte enorme de la población.
«Como el ecosistema digital de hoy es principalmente monocultural, todos son un objetivo», explica Adrianus Warmenhoven, experto en ciberseguridad de NordVPN. En este escenario, cada fragmento de información puede ser monetizado y cada usuario es potencialmente rentable para los delincuentes.
A esto se suma una tendencia creciente: la burla y el desprecio por las prácticas básicas de seguridad, popularizada en redes y foros.
Los expertos prevén que esta actitud aumente en 2026 y abra aún más puertas a campañas de desinformación impulsadas por redes criminales que buscan desarmar la desconfianza del usuario.
Inteligencia artificial al servicio del delito
Otra transformación clave es el uso de inteligencia artificial para acelerar y sofisticar los ataques. Los grupos criminales experimentan con sistemas autónomos capaces de analizar redes, detectar fallos y explotarlos sin intervención humana.
Son herramientas que aprenden y se adaptan, lo que dificulta identificarlas a tiempo.
«En 2026 vamos a observar un incremento considerable en los ataques y las defensas mejoradas por IA», señala Marijus Briedis, director tecnológico de NordVPN.
La IA reduce las barreras de entrada al crimen digital y multiplica la capacidad de los grupos mejor organizados. Modelos como “Evil GPT”, disponibles por apenas diez dólares en la red oscura, ya se emplean para apoyar campañas de engaño y suplantación.
Un ecosistema donde nada es lo que parece
A estas amenazas se suman los riesgos para la confianza digital: deepfakes, clonación de voz, identidades sintéticas y servicios fraudulentos cada vez más convincentes.
Los cibercriminales pueden mezclar datos reales con información ficticia para crear perfiles que roban cuentas, abren productos financieros y permanecen activos durante años sin ser detectados.
El avance de la computación cuántica añadirá otro nivel de vulnerabilidad. Cuando esta tecnología permita descifrar sistemas actuales de encriptación, décadas de información sensible podrían quedar expuestas. Por eso, los expertos insisten en que la “resistencia cuántica” debe considerarse una prioridad desde ahora.
Nuevas normas y una ética necesaria
El Gobierno ha comenzado a reaccionar. El Real Decreto 444/2024 regula la publicidad difundida por influencers con más de cien mil seguidores y los equipara a los medios tradicionales en lo relativo a la protección de menores y a las obligaciones en campañas comerciales.
También se prepara una nueva ley de rectificación que obligará a ofrecer vías accesibles para corregir contenidos falsos o erróneos.











