Las regiones cerebrales especializadas en procesar voces humanas se activan también ante las llamadas de nuestros parientes más cercanos, sugiriendo que millones de años de evolución compartida dejaron una huella profunda en nuestra arquitectura neuronal.
Un estudio publicado en eLife Reviewed Preprints ha establecido que las zonas cerebrales especializadas en reconocer voces humanas se activan también cuando escuchamos a los chimpancés. Esto sugiere que nuestro sistema auditivo permanece sintonizado a patrones acústicos que comparten una historia evolutiva común con los nuestros, una especie de legado neuronal de nuestro pasado compartido.
Investigadores de la Universidad de Ginebra (UNIGE) expertos en neurociencia de la voz analizaron cómo el cerebro de veintitrés participantes procesaba vocalizaciones de humanos, chimpancés, bonobos y monos macacos mientras se sometían a resonancia magnética funcional.
Descubrieron que cuando los participantes escuchaban llamadas de chimpancés, las regiones cerebrales especializadas en el procesamiento vocal—técnicamente denominadas áreas de voz temporal—mostraban una actividad distintiva, particularmente en el giro temporal superior anterior del cerebro. Es decir, estas regiones, que la neurociencia clásica consideraba exclusivamente dedicadas a procesar voces humanas, resultaron ser sensibles a los sonidos de nuestros parientes primates más cercanos.
Datos clave de esta investigación
- Hallazgo principal: El cerebro humano reconoce las vocalizaciones de chimpancés mediante las mismas regiones cerebrales especializadas en procesar voces humanas, revelando una sintonización neuronal heredada de nuestro ancestro común.
- Metodología: Análisis de resonancia magnética funcional en veintitrés participantes mientras escuchaban vocalizaciones de humanos, chimpancés, bonobos y monos macacos. Se utilizaron tres modelos estadísticos independientes para validar los hallazgos y controlar variables acústicas específicas.
- Resultado destacado: Las áreas de voz temporal del cerebro (particularmente el giro temporal superior anterior) responden específicamente a chimpancés pero no a bonobos ni macacos, determinando que la similitud acústica en frecuencia fundamental es la clave de esta activación.
- Implicación evolutiva: La persistencia de esta sensibilidad neuronal sugiere que millones de años de evolución compartida con nuestros ancestros primates dejaron una huella permanente en la arquitectura de nuestro córtex auditivo, que aún reconoce patrones vocales antiguos.
- Implicación en el desarrollo humano: Estos hallazgos podrían explicar aspectos fundamentales de cómo los niños desarrollan el reconocimiento del habla y adquieren el lenguaje desde edades tempranas, incluso antes del aprendizaje lingüístico explícito.
- Próximo paso: Investigar cómo esta sintonización ancestral influye en la adquisición del lenguaje durante la infancia y explorar si otras capacidades cognitivas humanas conservan similares legados evolutivos en su arquitectura neuronal.
Referencia
Sensitivity of the human temporal voice areas to nonhuman primate vocalizations. Leonardo Ceravolo et al. eLife, November 25, 2025. DOI:https://doi.org/10.7554/eLife.108795.1
Solo primates con acústica compatible
Esta sensibilidad no ocurre con todos los primates. Durante el experimento, los bonobos y los monos macacos, aunque filogenéticamente relacionados con nosotros, no generaron la misma activación cerebral que los chimpancés. La razón es puramente acústica. Las voces de los chimpancés comparten características de frecuencia fundamental con la voz humana de un modo que los bonobos y los macacos no hacen. Los bonobos poseen laringe más corta que los chimpancés, lo que produce frecuencias vocales más agudas, alejadas de nuestro rango. Los macacos están doblemente distantes: filogenética y acústicamente.
Lo que emerge de estos datos revela un mecanismo fundamental en la evolución neuronal: el cerebro humano está calibrado específicamente para reconocer patrones acústicos que evolucionaron juntos con los nuestros. No es que sea inherentemente cerrado a los sonidos no humanos, sino finamente sintonizado a frecuencias que comparten una historia compartida.
Los investigadores sugieren que nuestro córtex auditivo, la región que cartografía las frecuencias sonoras, se desarrolló bajo la influencia de nuestras propias vocalizaciones durante millones de años. Esa especialización no desapareció cuando nuestras líneas evolutivas divergieron.
Un legado inscrito en la arquitectura neuronal
Hace entre seis y ocho millones de años, compartimos un ancestro común con los chimpancés. Los cambios que ocurrieron en nuestras vocalizaciones desde entonces dejaron huellas distintas en ambas especies, pero permanecieron suficientemente similares para que el cerebro moderno aún reconozca en ellas cierta familiaridad acústica.
Esta continuidad sugiere que la sintonización evolutiva del córtex auditivo humano no es un accidente, sino el resultado de millones de años de moldeamiento por exposición a frecuencias vocales específicas.
Los autores del estudio sugieren que estos hallazgos podrían tener implicaciones importantes para comprender cómo los niños desarrollan el reconocimiento del habla y adquieren el lenguaje.
Si el sistema auditivo humano conserva esta sensibilidad ancestral a patrones vocales específicos, esto podría explicar ciertas capacidades precoces de la infancia para discriminar y procesar sonidos del habla (como reconocer las voces de sus familiares) incluso antes del aprendizaje lingüístico explícito.
Rigor sin especulación
Los investigadores fueron cuidadosos al establecer modelos estadísticos que controlaran múltiples variables. Utilizaron tres enfoques distintos, desde los más simples hasta los más sofisticados, siempre obteniendo resultados convergentes. Excluyeron la posibilidad de que un sesgo atencional hacia los chimpancés explicara los resultados. Incluso controlaron por cada parámetro acústico discriminativo, desde la intensidad hasta el espectro del sonido. Aun así, la sensibilidad del cerebro a las vocalizaciones de chimpancés persistía.
Esta constatación desafía la idea tradicional de que las áreas de voz temporal son exclusivamente especializadas en voz humana. Sugiere, en cambio, que estas regiones cerebrales son heterospecíficas, es decir, capaces de responder a vocalizaciones de otras especies cuando existe suficiente proximidad acústica y evolutiva.














