Con los segundos salarios más bajos de toda España, solo por delante de Asturias, y una pérdida de poder adquisitivo cercana al 20% en la última década, según un informe del sindicato UGT, los docentes aragoneses afrontan un escenario que considera que no deja de erosionar su profesión.
Uno de estos casos es el de A. F., profesor de Educación Primaria en un centro educativo de la comarca de Comunidad de Calatayud. En la actualidad, su salario estos tres últimos meses ha rondado los 1.700 euros limpios mensuales (con una retención del 25%), aunque aun así le es realmente complicado llegar sobrado al final de mes por todos los gastos acumulados. «Pago una hipoteca de 750 euros/mes con mi mujer, lo que ayuda. A eso se le añade 265 euros para pagar el coche de mi esposa, 120 al mes de gasolina, porque yo vivo en Zaragoza, y 380 euros de la guardería privada para mi hija de dos años», especifica este hombre, que subraya la imposibilidad de llevar a su pequeña a otro lado por la carencia de guarderías de este estilo por la zona en la que vive, en el barrio de Romareda.
Sin olvidarse por supuesto de los gastos extra de la compra y reparaciones de su vehículo, que, por otra parte, no usa todos los días pese a vivir en el núcleo urbano de la capital aragonesa y tener que desplazarse cada día. «Para ahorrar algo más hago rueda con otros profes del centro con los que coincida horarios. Cada semana de lunes a jueves ponemos uno el coche y todos los viernes rotamos», algo comúnmente conocido como carpooling.
La realidad para A. F. es que ni sus méritos cosechados con los años ni su posición en su centro le dan valor a la profesión que ejerce. «Muchos años de carrera, un título de B2, dos másteres en el ámbito de la Educación, unas oposiciones sin plaza… los docentes en Aragón no tenemos la estima que realmente nos merecemos«, explica a este diario. A lo que añade que ojalá «la subida de sueldo del Estado les llegue en diciembre, que les hace falta». «Y tengo suerte de no ser tutor. Hay familias que son buenísimas y superamables, pero luego hay padres que te hacen la labor mucho más difícil. En definitiva, ser profesor no está valorado ni a nivel social, ni a nivel económico«, concluye.
«Los políticos podrían pasarse por las aulas»
De la Primaria a la Formación Profesional, M. H. B. es otro caso de docente que reclama una revalorización al «sector más importante de la enseñanza». «Yo soy tutora de FP secundaria desde hace seis años y estoy de la burocracia del centro hasta las narices. Me paso más haciendo papeles que preparando las clases a mis alumnos«, expresa «harta» por la fatiga que esto le causa, asegurando que ha habido noches en las que apenas ha podido dormir por esta misma cuestión.
«Los políticos de turno se podrían pasar una semana por las aulas para que vean como funciona su sistema«, desafía M. H. B. con el objetivo de que vieran la «normativa» aplicada en el día a día. También denuncia una «sobrecarga» en materia de tareas complementarias que hacen algunos docentes -incluida ella- a la hora de hacer favores a otros trabajadores de su centro y que nadie tiene en cuenta. Por otra parte, a la hora de guiar a los profesores para saber qué contenidos dar en ciertos módulos, recuerda no haber recibido ninguna formación. «Tuve que pedir esto para que me explicaran, no lo hicieron por su cuenta».
Indica tener «suerte» por estar trabajando a día de hoy en Zaragoza e ir «apañándose» con llegar a final de mes, aunque «les hayan quitado mucho poder adquisitivo» desde que empezó, pero recuerda una mala experiencia en Teruel apenas iniciaba en este circuito. «Los profesores de mi centro allí vivíamos en pisos turísticos que nos costaban 480 euros/mes. Súmale entre 200 y 300 euros de gasolina cuando te desplazabas, porque Teruel está a más de 170 kilómetros, y los gastos de comida y extras. Lo pasé realmente mal durante esos tres años«, subraya.
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