Aitor Francesena (Zarautz, 1970) nació con un glaucoma congénito en el ojo, pero no dejó que eso condicionara su vida. Tras perder la vista del ojo derecho a los 14 años, en 2012, a los 42 años, un accidente de surf le dejó completamente ciego. Sin embargo, jamás se ha dejado amedrentar por los golpes de la vida y a día de hoy ha sido seis veces campeón del mundo de surf adaptado y el primer ciego en conseguirlo.
“El mar me lo arrebató todo, pero luego me lo devolvió. Aunque no veo, el surf me ha abierto muchas puertas y me ha traído a gente maravillosa”, resume en pocas palabras el surfista vasco. Su energía y vitalidad al compartir su historia, contagian. “La ola puede ser gigante, pero no queda otra que cogerla”, apostilla en su libro ‘Surfear la vida’ (Ed. Espasa) en el que cuenta su vida y su relación con el surf.
“Nací con una problemática que me hizo ver la vida distinta. Cuando sabes que te vas a quedar ciego, tienes prisa por vivirlo todo antes de que eso ocurra”, resume el autor que compara su enfermedad con “correr delante de un tren que sabes que te alcanzará”.
Una vida rápida e intensa
Irremediablemente, ese miedo a perderse algo le llevó a vivir rápido e intenso y, por qué no decirlo, a vivir con rebeldía. “A mis padres no les hacía ninguna gracia el surf ni ninguna de las actividades que yo me empeñaba en hacer a escondidas. Se preocupaban por mi condición, pero yo solo quería ser un chaval normal”, explica el surfista.
“Me alegro de haber vivido con ansia porque siento que me he dejado muy poco por ver. En mi mente guardo una colección de fotografías de todo lo que pude ver y ahora me gusta compartir esos recuerdos con mi hija y mi pareja”, asegura Aitor. «Mis amigos a veces no entendían actitudes mías como perderme mirando una puesta de sol en Indonesia, cuando les contaba que lo estaba fotografiando mentalmente porque no sabía si podría volverlo a ver todos entendían mis rarezas», explica.
Aitor Francesena tras una sesión de surf. / AF.
Tras haber viajado por el mundo y haberse conseguido dedicar al surf, su pasión, en 2012, mientras estaba esperando su tercer trasplante de córnea, sufrió un accidente surfeando que le reventó el globo ocular dejándole completamente ciego. “Al mar le debo mucho, me lo ha dado todo. Me quedé ciego en el mar, es cierto, pero hubiera sido peor quedarme ciego en un quirófano. Yo podría no haber entrado al agua con los puntos en la córnea y haberlo evitado, pero pienso que nadie tiene la culpa de lo que me pasó. Nunca me he arrepentido de haberme puesto en ese riesgo y vivo en paz con la decisión que tomé”, explica todavía emocionado al recordar ese día.
«Me estaba marchitando»
Por aquel entonces, Aitor llevaba ya dos trasplantes fallidos en su ojo izquierdo y llevaba casi dos años de espera en la lista para el tercer intento. «Con la espera me estaba marchitando. Estaba en contacto constante con los médicos y finalmente determinaron que no podían apartarme más de mi pasión», rememora. Aquel día, Aitor todavía llevaba puntos en la córnea y tras tres o cuatro baños cayó de lo alto de la ola hacia el mar.
Desde entonces, Aitor no se ha resignado jamás a apartarse de lo que le da la vida y tras varios meses de recuperación, volvió a meterse en el mar. En Zarautz, donde reside, los surfistas le conocen y le acompañan en muchas ocasiones en sus entrenamientos. “Cojo mejores olas ahora que cuando veía porque mis compañeros me las ponen en bandeja”, bromea. Años más tarde, acumula seis trofeos en sus vitrinas y el logro de haber sido el primer ciego en alzarse con el cetro. “Es mi legado”, sentencia. El Gallo, como le conocen en Zarautz, fue también el fundador de la primera escuela estatal de surf en España y fue homenajeado con una estrella en el Paseo de las Estrellas del Surf en la playa de Somo en Cantabria.
Suscríbete para seguir leyendo













