¿Una caña al día mantiene al médico en la lejanía?

¿Beber cerveza puede ser “cardiosaludable”?

Durante el VI Curso Avanzado sobre Inmunonutrición, Sostenibilidad y Salud, organizado por la Real Academia Nacional de Farmacia (RANF), la cardióloga Lina Badimón presentó una tesis poco habitual: el consumo moderado de cerveza podría mejorar ciertos marcadores cardiovasculares y reducir respuestas inflamatorias. Un planteamiento que abre debate en un contexto donde el alcohol suele asociarse al riesgo.

¿Y si una bebida fermentada pudiera ser aliada del sistema cardiovascular, siempre dentro de un estilo de vida saludable?

La hipótesis de Badimón y el papel de los fermentados

Marcadores que podrían mejorar

La Dra. Badimón expuso que el consumo moderado de cerveza puede asociarse a un aumento del colesterol HDL (el llamado “colesterol bueno”), así como a una reducción de biomarcadores inflamatorios. Además, se mencionó su posible impacto sobre el estrés oxidativo, un factor clave en la aparición de enfermedades cardiovasculares.

No solo corazón: también microbiota e inmunidad

El estudio destacó también efectos positivos en la microbiota intestinal y en la función inmunológica, señalando una relación entre los fermentados y una menor inflamación sistémica.

Moderación estricta: la clave para cualquier beneficio

Las cantidades concretas

  • Para mujeres adultas sanas: 200‑300 ml diarios.
  • Para hombres adultos sanos: 400‑600 ml diarios.

Siempre con comida y dentro de un estilo saludable

El consumo debe integrarse en una dieta equilibrada (preferiblemente mediterránea), acompañado de ejercicio físico, buen descanso y sin sobrepeso.

No es una receta para empezar a beber

Advertencias de los especialistas

Los expertos advierten que estos posibles beneficios solo aplican a personas que ya beben con moderación. No recomiendan empezar a consumir alcohol por razones de salud.

Limitaciones de los estudios

La mayoría de los datos son observacionales. No prueban causa-efecto. Factores como genética, dieta o estilo de vida pueden alterar los resultados.

Lo que falta por demostrar

Qué haría falta en España

  • Estudios clínicos comparativos entre consumidores moderados y abstemios.
  • Análisis específicos por edad, sexo y antecedentes médicos.
  • Recomendaciones sanitarias claras que indiquen límites y riesgos.

Hasta entonces, la tesis de Badimón reabre un debate con espuma: ¿puede la cerveza ocupar un lugar —aunque sea mínimo— en la prevención cardiovascular?

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