Ochenta escolares de 11 años de edad se organizaban este lunes por la mañana por equipos en Murcia para descubrir la cura de la lacra que golpea a muchas personas mayores, también a muchos de sus abuelos: la soledad no deseada. Lo hicieron al aire libre, en la entrada a Santa Clara, en el marco de la jornada ‘Hackear la soledad’, donde emplearon notas adhesivas de colores para materializar sus propuestas, entre las que destacan ‘hacerle la compra’, ‘respeto’, no alejarse’ y ‘dedicar tiempo’.
Un adulto, micro en mano, anima a los menores a «pensar ideas» para hacer más llevadero el día a día de personas que, en demasiadas ocasiones, se sienten tristes en el ocaso de sus vidas. En la Región, como en España, hay personas mayores que mueren solas en sus casas y, en algunos casos, el cuerpo no se descubre hasta pasadas semanas porque no hay nadie que haya echado en falta al finado. El pasado mes de octubre, en la vecina Comunidad Valenciana, se descubrió el cadáver de un hombre, Antonio, que llevaba 15 años muerto en su domicilio sin que nadie notase su ausencia.
Un momento de la jornada ‘Hackear la soledad’, que tuvo lugar este lunes en Santa Clara, en Murcia. / Juan Carlos Caval
En Santa Clara, desplegados en las mesas y tirados por los suelos, papelitos amarillos, azules, rosas y verdes en los que los chiquillos fueron plasmando sus ideas, en una iniciativa amadrinada por la Consejería de Política Social, Familias e Igualdad, en colaboración con la Fundación Innspire y el Ayuntamiento de Murcia.
Los chavales, de tres centros educativos de la Región, formaron equipos no con sus amigos, sino con otros niños a los que no conocían. Tenían una motivación añadida: un premio. Un cheque de 100 euros para cada componente del equipo que fuese elegido ganador. «Para un niño de 11 años, es un premio interesante», apuntó Javier Celdrán, representante de la Fundación Innspire. « Lo mágico de esta iniciativa es que están trabajando para ganar el premio y para cambiar esta sociedad», dijo.
Lo mágico es que están trabajando para ganar el premio y para cambiar esta sociedad
Celdrán valoró los «tres ingredientes que los niños tienen y que pueden permitir que cambie la sociedad», y enumeró «la inocencia, pues ven el mundo con un prisma diferente; la creatividad, son mucho más creativos, y la capacidad de poder trabajar en equipo».
Precisamente debido al segundo punto, el de la creatividad, los escolares plantearon «soluciones que pueden llevarse a cabo, pero otras no tanto», admitió Celdrán.
La consejera de Política Social, Conchita Ruiz Caballero, también presente en el acto, aseguró que su departamento está «trabajando para combatir esa soledad no deseada» que afecta a tanta gente y recordó que «se trata de coger una red de recursos y servicios que permitan que la persona mayor no se sienta sola».
Pérdida de roles
En este sentido, la consejera incidió en la importancia de «escuchar y conocer las diferentes necesidades» de las personas, y reconoció que «la soledad es algo que afecta a todas las edades, pero donde más nos preocupa es en mayores».
Ruiz recalcó que se trata de personas que, después de jubilarse, «han perdido roles profesionales y familiares, se encuentran aisladas y con falta de acompañamiento». El fin, «que eso no ocurra». En la Región, más de 76.000 personas mayores participan en programas sociales para promover su bienestar y su inclusión, impulsados por la Consejería de Política Social a través del Instituto Murciano de Acción Social.
Los escolares, con actividades como la de este lunes, «asimilan la realidad que viven muchas personas mayores y toman conciencia de ello», subrayó la consejera.
Por su parte, la concejala de Educación del Ayuntamiento de Murcia, Belén López, habló de los beneficios de «poner a los alumnos en el foco del problema y que se sensibilicen», al tiempo que elogió que los niños «trabajen en equipo con otros a los que no conocen». «Siembra valores», dijo.
Nativos digitales como son, a algunos niños se les ocurrió que sus abuelos podría contar con «robots que los ayuden» en su día a día o con «aplicaciones que les reciten poesías o les cuenten recuerdos de su infancia», comentó el representante de la Fundación Innspire. Aunque, para dar un abrazo, no se necesita Internet.
Enunció Carmen Marín Gaite que «la soledad se admira y desea cuando no se sufre, pero la necesidad humana de compartir cosas es evidente». Para tomar conciencia de lo importante que es que todo el mundo pueda compartir esas cosas con su prójimo nacen jornadas como la de Santa Clara. Hacer la vida más grata a los mayores, a los apartados, a los que sienten que ya no valen, no es tan difícil. Se trata de preguntar, de escuchar, de estar. En definitiva, cómo escribieron en un post-it rosa flanqueado con un corazón los niños del equipo Palmera, de amar.










