«Los españoles no podemos tolerar la corrupción ni la indecencia como si fuera algo normal, no podemos normalizar la corrupción en nuestras vidas ni en las instituciones. La corrupción puede ser algo inevitable —nunca se podrá evitar—, pero no puede ser justificable y, en ese sentido, la decencia debe ser algo esencial, no accesorio».
El jueves 31 de mayo de 2018, el diputado socialista José Luis Ábalos Meco, subió a la tribuna del Congreso para defender la moción de censura que derribó al Gobierno de Mariano Rajoy. El motor fue una sentencia que condenó al PP como responsable a título lucrativo de la trama Gürtel: «un auténtico y eficaz sistema de corrupción institucional mediante la manipulación de la contratación pública central autonómica y local». Siete años después, el diputado Ábalos es el primer político español con escaño que duerme en la cárcel por «riesgo extremo» de fuga, acusado de delitos de integración en organización criminal, cohecho, uso de información privilegiada, tráfico de influencias y malversación.
Es muy difícil defender que Pedro Sánchez siga en el Gobierno sin llamar a los españoles a las urnas después de que sus dos últimos números dos en el PSOE, Ábalos y Santos Cerdán, hayan pasado por la cárcel investigados en una presunta trama de corrupción de comisiones en la venta de mascarillas y en la adjudicación de obras públicas. Siguiendo una lógica normal, cualquiera que en 2018 hubiera respaldado la moción de censura del PSOE contra el PP debería hoy exigir que Sánchez convoque elecciones. Y si no ahora, cuando dentro de pocos meses el Supremo dicte sentencie y, en su caso, condene a quienes han sido su mano derecha y han formado parte de su núcleo duro desde su resurrección tras ganar las primarias de 2014.
El PSOE ha entrado en modo resistencia y el presidente ha optado por atrincherarse. Los dirigentes socialistas han pasado a la ofensiva contra su exministro de Fomento y exsecretario de Organización, que entró en la cárcel amenazando con tirar de la manta y arrastrar consigo a todo el Gobierno. Elevan el tono llamándolo «golfo» o «sinvergüenza». Es lo más suave que se puede reproducir. La pregunta obligada que sigue sin respuesta es por qué lo cesó Pedro Sánchez en julio de 2021 como ministro de Transportes y secretario de Organización del PSOE. ¿Qué motivó esa pérdida de confianza y por qué volvió a ser candidato en las listas socialistas por Valencia en 2023 como número dos, por detrás de la ministra Diana Morant?
El PSOE niega la evidencia
Desde el núcleo de Pedro Sánchez insisten en que el caso Ábalos está amortizado y que la conmoción y el impacto para sus electores ya se pagó cuando trascendió la trama y sus trapicheos, con conversaciones obscenas sobre mujeres prostituidas dentro del vergonzante paquete, o cuando Santos Cerdán entro en prisión el pasado junio. Es una lectura ingenua. Este es un caso que no tiene aún sentencia. Consta además de otra pieza paralela abierta en la Audiencia Nacional, que investiga si los presuntos corruptos usaron los gastos del partido para blanquear sus mordidas. Su protagonista es un exnúmero dos herido de muerte, con una pena de cárcel de hasta 24 años y un panorama muy negro por delante, que ya ha avisado de que será capaz de cualquier cosa.
Como agravante, este Gobierno no tiene capacidad para marcar la agenda. La ruptura de Junts, exhibida con la votación de la senda de déficit el mismo día que Ábalos entraba en la cárcel, hace imposible aprobar unos Presupuestos. Los últimos aprobados son los de 2023, que salieron adelante en diciembre de 2022. España está a punto de cumplir tres años sin aprobar una de sus leyes básicas y esta legislatura aún no ha conocida unas cuentas.
Empieza el ciclo electoral
Con este panorama de agonía para el Gobierno, empieza un ciclo electoral en España que, si no hay sorpresas, abrirá Extremadura el próximo 21 de diciembre, continuará en Castilla y León en febrero y en Andalucía en junio. El PSOE va a probar en los territorios cuánto paga por la corrupción. El PP se examinará en su papel de oposición y conocerá si lo que dicen las encuestas, que es Vox quien capitaliza y crece en la crisis, se cumple o no. El partido de Alberto Núñez Feijóo llega además tras ceder poder a Santiago Abascal en la Comunidad Valenciana.
La extrema derecha está más fuerte que nunca en España, dicen los sondeos. El ciclo electoral que viene por delante es crucial y será también determinante para ver si Pedro Sánchez es capaz de aguantar hasta 2027. La ansiedad de la política española genera un clima de desasosiego e incertidumbre que no es capaz de calmar la buena marcha de la economía española. El caldo de cultivo perfecto para que los populismos de extrema derecha que asolan Europa y beben de Trump peguen un buen mordisco en el país.
«Usted, señor presidente, ha hundido hasta límites insospechados la dignidad de la sede que ocupa. Ante esa realidad —lo dice todo el mundo, dentro y fuera de esta Cámara, dentro y fuera de nuestro país— no ha tenido la decencia política de por lo menos dimitir». «La fortaleza de las instituciones democráticas depende en buena medida de la confianza que las personas que las ocupan susciten entre la ciudadanía». «La respuesta sigue siendo la misma (…) Esto que me pasa es culpa siempre de alguien: de la maestra, de mi madre, del amigo, siempre es de alguien, a ver si cuela». Podrían ser frases hoy de Alberto Núñez Feijóo. Son de Ábalos en el Diario de Sesiones del Congreso del día de la moción. El año político que viene promete y cada uno sigue cavando sus trincheras.












