Enclavado en pleno corazón de la Sierra de Francia, el diminuto municipio de Mogarraz se ha convertido en uno de los destinos más singulares de la provincia de Salamanca. Sus estrechas calles empedradas y su arquitectura tradicional serrana serían ya motivo suficiente para una visita, pero el pueblo guarda un secreto que lo ha catapultado a la fama, los cientos de retratos que cuelgan de las fachadas de sus viviendas.
La iniciativa
La iniciativa, impulsada por el artista salmantino Florencio Maíllo, comenzó como un homenaje a los vecinos que posaron para su documento de identidad en la década de los sesenta. Hoy, esa colección de rostros observando desde balcones y muros convierte al pueblo en un auténtico museo al aire libre, único en España y cada vez más popular entre viajeros y fotógrafos.
La Plaza Mayor, uno de los rincones más visitados, actúa como punto de partida para recorrer el casco histórico. Desde allí, el visitante se adentra en un entramado de casas de piedra, madera y adobe, muchas de ellas adornadas con balcones repletos de flores. La Iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, del siglo XVII, preside el núcleo urbano con discreta elegancia.
Además del encanto monumental, Mogarraz ofrece rutas de senderismo que conectan con pueblos cercanos como Monforte o La Alberca, permitiendo descubrir el paisaje de robledales y castaños característico de la Sierra de Francia. El pequeño Museo Etnográfico completa la experiencia, mostrando la forma de vida tradicional de la zona.
Gastronomía
La localidad también es un punto destacado de la gastronomía serrana, con embutidos ibéricos, miel artesana y platos como el cabrito, la chanfaina o el hornazo, muy presentes en las mesas locales.














