Objetivos como un ascenso de categoría, que es la única meta del Tenerife, se fabrican con triunfos ante rivales directos, como el logrado ante el Celta Fortuna no hace mucho, pero también cuando el rival es el último de la clasificación. El Arenteiro, en este caso. No era la primera vez que se tocaban los extremos de la clasificación en el Heliodoro Rodríguez López. Ya había pasado con la presencia del Unionistas en el estadio santacrucero. Aquella tarde, el desenlace fue inesperado. Ganaron los salmantinos. Por eso, un 1-0 frente al Arenteiro tiene su valor. Y mucho. Los blanquiazules dieron otro paso más gracias a un gol de Fabricio. Otra hoja del calendario arrancada siendo la luz que alumbra. Y sin la angustia de tener que mirar por el retrovisor. Una jornada más cerca.
Igualdad en el comienzo
El inicio no fue el claro reflejo de un pulso entre el líder y el colista. Por apariencias, no fue así. Probablemente, el Arenteiro habría firmado salir del Heliodoro con un 0-0. Pero tampoco lo fió todo a ese resultado con una actitud temerosa, escondiéndose en su área. Sin prisas, pero también sin pausa, los orensanos lograron tener el control durante un cuarto de hora. Un control, eso sí, carente de filo. Solo un remate de Mingo en el minuto 2, fácil para Dani Martín. Pero sí lograron, durante un rato, que el balón circulara más por la mitad del campo local. Una línea de cuatro defensas que pasaba a ser de cinco según el momento, por la doble función de Bastida, y una presión en bloque medio, con una dosis de intensidad adecuada, fueron suficientes para que el Tenerife tardara cogerle el ritmo al encuentro. Porque recuperaba demasiado lejos del área contraria y apenas podía sorprender en velocidad. Iba a ser cuestión de tiempo, de ir madurando una victoria abrazada a todos los pronósticos.
Superioridad creciente y gol
En esa fase de escasa fluidez, los blanquiazules solo dieron sensación de peligro con un centro del incisivo Alassan (6′) y con un globo de Aitor Sanz que obligó a Alvin a estirar el brazo, sin la necesidad de tocar el balón (11′). Se estaba echando en falta una mayor participación de jugadores como Nacho Gil, que se ampliara el repertorio. Y precisamente esa fue una de las llaves del desbloqueo. De camino a la media hora, el valenciano empezó a intervenir más, a mezclarse por el medio y a generar superioridad en la banda derecha, que era la más vulnerable del Arenteiro. De esa manera, poco a poco, el partido comenzó a parecerse más a lo esperado, con un Tenerife dominante y un Arenteiro más pendiente de achicar agua que de inquietar a Dani. El acelerón tinerfeño tuvo el efecto deseado con la fórmula que mejor sabe explotar el equipo de Álvaro Cervera, un robo en la zona de influencia y un zarpazo de Nacho que despejó Alvin con apuros (19′). A la escuadra verde le entró el miedo y la blanquiazul sintió que ya había hallado el camino a seguir. En esa dinámica, Alassan se animó a probar suerte finalizando una jugada individual. Demasiado alto (22′). El partido había cambiado. Y la frecuencia siguió creciendo. Solo estaba faltando un remate limpio, que la creciente superioridad terminara en algo productivo. Entonces emergió Fabricio cerca del intermedio para quitarle el precinto a una tarde que se estaba trabando. El especialista Nacho ejecutó un saque de esquina y, tras una prolongación de Gallego, el balón fue a parar a la frente del brasileño, que golpeó con toda la intención para colar el balón en la portería sin tener que saltar. Martillazo directo a la red. El 1-0 (42’), con un autor de nuevo cuño, se celebró dos veces en las gradas por la incertidumbre que se generó con la revisión del árbitro en la pantalla -siempre se hace-. Los defensores se aferraron a una posible falta en ataque de Enric. Nada. Valió un gol que, en teoría, iba servir para domar definitivamente el partido. Porque si el Tenerife se pone en ventaja, es un equipo ganador.
El segundo tiempo
Estuvo a punto de agrandarla en el comienzo de la segunda mitad con una jugada de pizarra: saque de centro, balón largo en diagonal, control en carrera de Alassan -ayudado por un error del lateral Diego- y pase raso al área pequeña para que De Miguel rematara demasiado forzado llegando desde atrás. Ni el resultado parcial ni este sobresalto hicieron que el Arenteiro firmara la rendición. Colista, pero también competitivo. Sin nada que perder y sin complejos, se lanzó a por el empate. Algo así como un doble o nada. Asumió el riesgo de encajar una goleada propiciando un encuentro más abierto, pero entre las opciones también podía caber la sorpresa. Esta actitud valiente obligó al Tenerife a reactivarse, a no dar nada por ganado, a no dejar de pelear los duelos individuales. Había hecho lo más difícil, anotar el 1-0, pero no podía sentirse tranquilo con esa corta renta. Y tampoco dormirse ni pensar que el triunfo acabaría cayendo por su propio peso. Tenía un rival enfrente.
Para curar en salud, Cervera decidió realizar el primer cambio en el minuto 62. Quitó a De Miguel y puso a Balde, que se situó en el extremo izquierdo para que Nacho ejerciera de enganche. Un recurso para un escenario con más espacios que invadir. Este movimiento dio paso a una respuesta efervescente culminada con un remate de Alassan desde la línea frontal del área. Fuera. Pero el Arenteiro siguió a lo suyo, creyendo en que podía empatar. El público -10.826, la peor entrada de la temporada-, preocupado por ver que la victoria no estaba del todo sellada, soltó algo de tensión con la ya ‘tradicional’ ovación a Maikel cuando el lagunero se quitó el peto para acceder al campo. Cervera prescindió de Alassan, apostó por Mesa (72′) y reconfiguró el frente de ataque, ahora con Balde y Gil en las bandas y Maikel por detrás de Gallego. Mientras tanto, el cronómetro seguía avanzando hacia el 90 y no sucedía nada relevante, ni el Tenerife sentenciaba ni el Arenteiro se asomaba con claridad al gol. Voluntad y buenas intenciones, pero recursos limitados del conjunto entrenado por Jorge Cuesta, que activó el FVS, sin éxito, para pedir una expulsión de Balde por un golpe con el brazo a un contrario. Cervera sacó luego su tarjeta para que Gordillo Escamilla revisara en la pantalla una caída de Nacho fuera del área, en pleno contragolpe tinerfeño. El árbitro no había visto falta en el césped y tampoco la encontró en el monitor.
Cervera agotó las sustituciones -Juanjo, Ulloa y Noel por Aitor, Fabricio y Nacho- al borde de un alargue de siete minutos que el Arenteiro exprimió hasta el punto de disponer de una ocasión para marcar que disolvió David. Sin proponérselo, el Tenerife terminó jugando con fuego, pero pudo cumplir ante un colista que no lo pareció. 14 jornadas y 31 puntos.










