Jock Stein, caído en el campo de batalla

Jock Stein no podía vivir sin el fútbol. Después de cumplir los sesenta años en el banquillo de la selección escocesa hubo mucha gente de su entorno que le insistió en la necesidad de acudir a los estadios sólo de visita los domingos. Pero este escocés testarudo no tenía la mínima intención de apartarse de los banquillos. Llegó a la selección en 1978 después del decepcionante papel de los escoceses en el Mundial de Argentina. Stein había puesto fin a su glorioso tiempo en el Celtic en cuyo banquillo estuvo doce años tiempo en el que conquistó una Copa de Europa y perdió una final ante el Feyenoord. La selección, a la que dirigió de forma testimonial unos meses antes de llegar al Celtic, era su salida natural, el reto pendiente con el fútbol y con su país. Tras quedarse fuera en la Eurocopa de 1980, Escocia se clasificó de forma holgada para el Mundial de España de 1982 pero no fue capaz de superar la primera fase en la que perdió con Brasil, ganó a Nueza Zelanza y empató en un gran partido con la poderosa URSS que tenía un equipazo. La diferencia de goles les apartó del torneo y dejó en Stein una cuenta por saldar y no era de los tipos que olvidaban con facilidad.

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