Lo que sucedió el sábado en Eibar se recordará durante mucho tiempo. La remontada del Real Zaragoza en Ipurua, donde jugó durante 80 minutos con un hombre menos, ya forma parte de las grandes gestas del conjunto aragonés, que nunca había protagonizado una gesta semejante en los trece años consecutivos que acumula ya en Segunda División.
La última hazaña similar se remonta a marzo del 2012, con el Zaragoza todavía en Primera (acabaría descendiendo la siguiente temporada) y con Manolo Jiménez en plena batalla por la supervivencia de un equipo que, como ahora, también era colista de la categoría. Entonces, el Zaragoza visitaba Mestalla con la obligación de sumar para aferrarse a la vida y, también como ahora, el derroche de coraje fue descomunal.
En realidad, las similitudes entre ambos encuentros son numerosas. No solo en el, marcador final (1-2) sino en el devenir de un partido que se fue al descanso con empate (1-1) en el marcador y en el que el portero zaragocista (Roberto en Mestalla y Andrada en Ipurua) fue el gran artífice de la gesta.
También coincide el momento de la expusión que abocó al Zaragoza a encarar el resto del duelo en inferioridad numérica por la roja que, también en ambos casos, vio un defensa. En el minuto 18 se fue a la calle antes de tiempo Pablo Álvarez hace trece años y apenas nueve más tarde, en el 27, vio la segunda amarilla Saidu en tierras guipuzcoanas. Con diez, el Zaragoza empató apenas unos minutos del doble sofocón. Y, también en ambos casos, ,lo hizo de penalti. Apoño fue el autor del gol en Mestalla para devolver las tablas en el marcador tras el tanto inicial de Pablo Hernández para el Valencia. El sábado fue Soberón el que marcó desde los once metros después de que Peru hubiese adelantado al EIbar en la jugada posterior a que Andrada detuviera un penalti a Bautista.
La historia se repite, está claro. También en el momento del partido en que el Zaragoza completó la gesta. De nuevo Apoño firmó la remontada para los aragoneses en Valencia a poco más de diez minutos para el final y algo menos quedaba cuando Bakis golpeó de forma involuntaria el balón lanzado por Toni Moya para desatar la locura en Ipurua. Antes, Roberto y Andrada habían coleccionado infinidad de paradas de mérito para sostener a su equipo.
El caso es que, desde entonces, el Zaragoza nunca había sido capaz de emular semejante hazaña. De hecho, las remontadas, incluso en superioridad numérica, no han sido abundantes a lo largo de este eterno calvario en Segunda. Es más, el Zaragoza no había sido capaz de remontar un marcador adverso en toda la temporada y la última vez que lo hizo fue hace más de medio año, en marzo, cuando derrotó al Cartagena (3-2) en La Romareda para lograr una victoria clave para mantenerse en la categoría. Entonces, un tanto de Dani Gómez en el minuto 97 obró el milagro en busca de una supervivencia que, en esta ocasión, se persigue en Segunda.
En todo caso, la histórica gesta del Zaragoza en Ipurua subraya el cambio de un conjunto aragonés que, como aquel equipo de Jiménea, también parecía desahuciado. El segundo triunfo consecutivo (tras la victoria de la jornada anterior en el derbi ante el Huesca) recortan la distancia con la permanencia y acentúan la esperanza tras un inicio de curso que tambien se ganó un sitio en la historia tras ser el peor en los cerca de cien años de existencia del Real Zaragoza.















