En el corazón de la Alpujarra granadina, a las faldas de Sierra Nevada, se encuentra Lanjarón, un pueblo que ha sabido construir su identidad alrededor de un elemento esencial: el agua. Conocido como la «capital del agua», este municipio andaluz se ha convertido en un destino único que combina historia, tradición, naturaleza y cultura. Su balneario, sus fuentes y su legado literario lo han situado como una escapada imprescindible, especialmente en otoño, cuando sus paisajes se tiñen de tonos dorados y rojizos.
Lanjarón es famoso por sus manantiales y por la calidad de sus aguas, reconocidas desde hace siglos por sus propiedades medicinales. El balneario, inaugurado en el siglo XIX, se convirtió en un referente europeo y atrajo a visitantes de toda España y del extranjero. La Organización Mundial de la Salud (OMS) llegó a considerar sus aguas como una «fuente de eterna juventud», reforzando la idea de que este rincón de la Alpujarra era mucho más que un simple pueblo: era un lugar de bienestar y salud
Las fuentes repartidas por sus calles son parte de la identidad de Lanjarón. Cada una tiene su propia historia y encanto, y recorrerlas se convierte en una experiencia que conecta al visitante con la tradición local. El agua no solo es un recurso natural, sino también un símbolo cultural que ha marcado la vida de generaciones.
El balneario de Lanjarón fue también refugio de grandes figuras de la literatura. Federico García Lorca y Virginia Woolf encontraron en este lugar un espacio de descanso y reflexión. Lorca, profundamente ligado a Granada y a su entorno, halló en Lanjarón inspiración y serenidad. Woolf, por su parte, se dejó cautivar por la atmósfera del pueblo y por la fuerza de sus aguas. Este vínculo con escritores legendarios ha reforzado la imagen de Lanjarón como un lugar donde la cultura y la naturaleza se entrelazan. No es solo un destino turístico, sino también un espacio que ha nutrido la creatividad y la sensibilidad de algunos de los nombres más importantes de la literatura universal.
La curiosa historia de «prohibido morirse» en Lanjarón
Uno de los episodios más llamativos de la historia de Lanjarón es la ordenanza municipal que, en su momento, estableció que estaba «prohibido morirse» en el pueblo. La medida, que puede parecer insólita, respondía a la falta de espacio en el cementerio local y se convirtió en una anécdota que aún hoy despierta la curiosidad de los visitantes. Este hecho refleja la singularidad de Lanjarón y su capacidad para sorprender. Más allá de la literalidad de la norma, la historia se ha transformado en un símbolo del carácter especial del municipio, que siempre ha sabido reinventarse y destacar por su originalidad.
Visitar Lanjarón en otoño es una experiencia que combina naturaleza, cultura y bienestar. Sus paisajes, enmarcados por Sierra Nevada, ofrecen rutas de senderismo y vistas espectaculares. El clima templado y la riqueza de su entorno natural hacen que sea un destino ideal para quienes buscan desconectar y disfrutar de la tranquilidad. El pueblo conserva su esencia tradicional, con calles estrechas, casas encaladas y rincones llenos de encanto. La gastronomía local, marcada por productos de la Alpujarra, completa la experiencia con sabores auténticos que reflejan la identidad de la región.
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Actualmente, Lanjarón sigue siendo un referente en el turismo de salud y bienestar. Su balneario continúa atrayendo a visitantes que buscan tratamientos basados en las propiedades de sus aguas, mientras que el pueblo se ha consolidado como un destino cultural y natural.
Y es que este es un lugar lleno de historias que merecen ser descubiertas. En otoño, cuando la Alpujarra se viste de colores cálidos, Lanjarón se revela como la escapada perfecta: un espacio donde el agua, la cultura y la naturaleza se unen para ofrecer una experiencia inolvidable.













