Para cuando Jordi Pujol Ferrusola, primogénito del expresidente de la Generalitat Jordi Pujol Soley, declaró en la Audiencia Nacional el 25 de abril de 2017, ya era un viejo conocido del entonces juez de la Audiencia Nacional José de la Mata y de la que era teniente fiscal de Anticorrupción, Belén Suárez. Por eso, las preguntas que uno y otro hicieron al ya acusado, que se enfrenta a una petición fiscal de 29 años de cárcel en el juicio que comenzará este lunes, iban al detalle de supuestas inversiones fallidas y préstamos sin garantías de devolución.
Tras la extensa declaración que prestó ese día, de tres horas y 20 minutos, Pujol Ferrusola salió del despacho del magistrado en dirección a prisión, donde permaneció hasta diciembre de ese mismo año, cuando abonó la fianza de 500.000 euros que se le fijó. El cambio de su situación se debió a que se entendió que había descapitalizado sus empresas y propiedades para evitar tener que aportarlas al procedimiento judicial en curso en caso de condena.
Aunque gran parte del interrogatorio se centró en esas supuestas inversiones fracasadas, insistió, en línea con lo mantenido por toda la familia, que fue él quien, cuando falleció un primo de su padre que se encargó en el primer momento, asumió la gestión del supuesto «legado» que el abuelo Florenci dejó a sus nietos y a su nuera por los recelos con la carrera política de su hijo Jordi les suponía.
Estaba invertido en un producto llamado láminas financieras y repartía con sus hermanos las ganancias. Además, les ofrecía invertir en sus negocios con poco éxito, lo que le llevó a afirmar que a su hermana Mireia solo le hizo una y perdió dinero, lo que «aún» le «pasa por la cara«. «Cada vez que yo le daba dinero, se lo quedaba en su cuenta con su gestor del banco; al final fue la que yo creo que sacó más rendimiento de todo«, afirmó el hermano mayor.
Aseguró no recordar con cuántos de sus hermanos invirtió lo que les correspondía: «Yo hice esto una vez con Mireia, porque aún me lo paso por la cara y luego hice alguna con, me parece, Pere y Josep. Yo diría que con nadie más. Con Oleguer no lo hice nunca. Con Oriol, yo diría que no, nunca. Eran muy esporádicas, no era muy habitual, ¿eh? Cada cual tenía y hacía su vida, y hacía su guerra«. Cuando la fiscal le preguntó por Marta, dijo que a lo mejor también, pero que no lo recordaba.
A la pregunta de cómo se producía el reparto con sus hermanos, Jordi Pujol señaló que «nunca» hacían «reuniones», ni les llamaba por teléfono para decirles que les tocaba una parte o cómo repartir, sino que les «daba» lo que les correspondiera de la «venta de las láminas financieras», en el que sostiene se invirtió el dinero que les dejó su abuelo.
«Contaminando mucho»
En cuanto a su hermano Oriol, Jordi señaló que le comunicó que quería «hacer carrera política» y creía que el dinero en Andorra le estaba «contaminando mucho», por lo que, como él se había «encargado», se lo dio. «Tú te encargas y te lo quedas tú, y no quiero saber nada, para mí esto no ha existido», anotó el primogénito, que no recordaba si su hermano sacó el dinero y se lo dio o le firmó algún tipo de poder para manejarlo y poder transferirlo.
Aseguró que su fundación Copeland, con sede en Panamá -país al que la familia transfirió el dinero que tenía en Andorra-, procedía de la recomendación que le hizo Joan Pau Miquel, entonces director general de Banca Privada de Andorra (BPA), cuando sus hermanos Oleguer y Josep quisieron regularizar. Según el primogénito, Miquel le explicó que, como él tenía deudas, no tenía que acogerse a la amnistía fiscal, y le aconsejó gestionar los fondos de la BPA sin necesidad de pagar impuestos en Andorra a través de una fundación.
El entonces imputado incluso dio las gracias porque la intervención de la entidad andorrana -pieza central de la comisión de investigación de la ‘Operación Cataluña’ en el Congreso de los Diputados- hubiera permitido conocer que la estructura creada en Panamá dependía de la entidad y no se había creado exprofeso para los Pujol.
Olimpiadas
El resto de los hermanos, que, salvo Josep -para el que se piden 14 años de cárcel-, se enfrentan a ocho años de cárcel, defendieron en sus declaraciones ante el juez de la Audiencia Nacional José de la Mata que habían abierto sus cuentas en Andorra para cobrar “el legado” del abuelo. Al ser interpelada por la fiscal, Marta Pujol Ferrusola reconoció que en el año de las Olimpiadas de Barcelona, en 1992, abrió la cuenta en la Banca Reig por indicación de su hermano mayor: “Era el momento de repartir el legado y entonces Jordi nos aconsejó, bueno, nos dijo, que abriéramos una cuenta en la Banca Reig para así poder repartir el legado de mi abuelo”, aseveró.
Por su parte, Oriol explicó al magistrado y a la fiscal que, tras recibir un pago inicial, el resto de ingresos periódicos “respondían a los vencimientos» de lo que le «parece que se conoce como las láminas financieras, que era el producto en el que estaba articulado el legado”.
En similares términos se expresó Mireia, que fue preguntada por la fiscal por qué había recibido en su cuenta andorrana “ingresos en efectivo por importe de 5 millones [de pesetas], de 6 millones, de 10 millones, de 8 millones, de 3 millones, de 2 millones…”. La acusada explicó que esos ingresos se habían producido en «el periodo en el que Jordi» les «transfería el dinero del legado, porque había unos vencimientos”.
En su declaración, Mireia especificó que el montante total que recibió de su abuelo era de “62 millones de pesetas”. Pero al preguntar la fiscal por qué había recibido otras sumas de dinero, en este caso de Josep, relató: “Fue una operación que hizo, que ni nos comentó. […] Fue una cosa puntual que hizo Josep con una inversión y ni nos pidió el dinero. Me dijo: ‘Mira, mira, ya te he hecho un ingreso de una operación que he hecho y que te he incluido’”.
Esta hija del expresident catalán defendió en su comparecencia que esa había sido “la única operación” que había realizado con Josep. “Yo me mantenía muy al margen de esto. Fue la única y ya no hice más”, zanjó.
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