“Esto se va a petar de gente. Empieza la aventura”, expresaba un grupito de seis amigas que se dirigía hacia la Plaza de España, resumiendo lo que sería el espectáculo del encendido de luces de Navidad de Palma: una hora embutidos como sardinas entre la multitud, en una especie de mascletà fallera, en busca del instante mágico en que toda la ciudad empieza a brillar.
La masificación volvió a repetirse un año más, y unas 15.000 personas desbordaron la Plaza de España durante el encendido del alumbrado navideño. La afluencia obligó a cerrar todos los accesos, salvo el de Avenidas, por donde un flujo incesante de público llegaba con la ilusión de presenciar el inicio oficial de la Navidad.
Sin embargo, muchos terminaron marchándose por el agobio que provocaba el embotellamiento, ya que desde Avenidas era imposible llegar a ver ‘El ball de les dues estrelles’, el espectáculo visual y musical preparado por el Ayuntamiento. La función narraba la historia de dos estrellas hermanas, Lira y Vega, que se reencuentran tras milenios para bailar un vals guiadas por un diamante que simboliza los deseos colectivos de la ciudad.














