Resultados como el de Getxo (1-4),o mejor dicho, actuaciones como esta –lo raro será que no lleguen más triunfos jugando así–, reafirman al Tenerife como claro candidato a lograr el ascenso a Segunda División por la vía rápida, como campeón. Cierto es que se decía lo mismo a comienzos de octubre, justo antes de que el equipo entrara en un tramo de baja producción y generara algunas dudas. Pero ya se han consumido pasado 13 jornadas –quedan 25– y los blanquiazules siguen siendo líderes –lo son desde la segunda fecha–, ahora con cinco puntos de margen sobre el Racing de Ferrol, que es segundo y jugará este domingo en Lasesarre.
Gol de Aitor Sanz
El Tenerife salió a Gobela activado, intenso, ambicioso… Sin dar la menor opción a que el envoltorio del partido –terreno pequeño, de hierba artificial y con solo una grada, un rival sin derrotas como local…– le pudiera dar algún disgusto. Salió como sabe que debe hacerlo para ser superior al Arenas y a cualquier rival. Porque un Tenerife así, es imparable. Fallará muy poco, si es que lo hace. Cogió las riendas enseguida, sin que el Arenas tuviera margen para hacer otra cosa que defenderse. Probablemente, el plan de los locales también pasaba por eso, por protegerse y evolucionar desde ahí. Pero el líder no dejó maniobrar a los rojinegros. Decidido a buscar el gol, volcó enseguida el duelo hacia el área de un Anartz Peña al que se le iba a acumular el trabajo. Y como en el encuentro anterior, ante el Celta Fortuna en el Heliodoro, golpeó pronto, muy pronto. Después de que Enric Gallego avisara con remate en el interior de área que despejó el guardameta, cayó el 0-1. No se habían cubierto los dos primeros minutos. El balón partió de un saque de esquina lanzado por Nacho Gil y, tras una prolongación de Jesús de Miguel, fue a parar a las botas de Aitor Sanz, que lo empujó a la red sin oposición. El capitán no marcaba desde el 23 de octubre de 2022, en Butarque.
Un Tenerife imparable
Pero los blanquiazules no se conformaron con la ventaja adquirida. Siguieron apretando igual, desbordando a una defensa que no conseguía tapar las vías de agua. El Tenerife ejercía una presión alta, recuperaba en campo contrario y se lanzaba a por más sin rodeos, sin pases innecesarios. Y cada vez que finalizaba, rozaba el gol. Lo tuvo Alassan, casi sin querer, al meter un pase al área desviado por un central a su meta. Anartz tiró de reflejos para evitar el 0-2 (5’). Poco después fue Enric con un remate mordido tras un pase de Gil (11’). Al borde del cuarto de hora, Jesús de Miguel amplió el repertorio con una clarísima ocasión. Recibió de Gallego desde la banda izquierda y golpeó justo al lugar en el que estaba el portero desde una distancia de unos dos metros. El madrileño volvió a asomar en el 19’ con el mismo desenlace en una acción que terminó con un gol de Alassan anulado por fuera de juego. Con esa dinámica no sorprendió que los blanquiazules lograran su segundo tanto. Más de lo mismo. Recuperación de Nacho Gil –el Arenas pidió falta, sin éxito– y continuidad hacia Alassan para que asistiera a Gallego. El barcelonés irrumpió a la altura del segundo palo para marcar. Solo habían pasado 22 minutos y el duelo ya parecía resuelto. Por si acaso, Nacho puso su firma para que no quedara ninguna incógnita por despejar. El valenciano elevó la exhibición del líder en el 33’ con una jugada individual cerca de la esquina del área grande. Control, conducción y remate ascendente para que el balón tocara en el larguero y entrara. Golazo de un Tenerife arrollador.
¿Y el Arenas? Superado y extrañamente incómodo, hizo lo que pudo para mantenerse a flote. A ráfagas se las arregló para darle algo de trabajo a la zaga blanquiazul, no tanto a Dani Martín. Su primer ensayo llegó en el minuto 9, un toque de cabeza desviado de Pablo García. Su compañero Mattheus también trató de aprovechar el juego aéreo (12’) ganándole el espacio a José León, pero tampoco estuvo acertado en el golpeo. Y con 0-2 se animó incluso con la posibilidad de que Pozueta Rodríguez pitara un penalti a su favor por una supuesta falta por manos de David Rodríguez dentro del área. El árbitro no pitó nada en un primer momento y Jon Erice solicitó la revisión. Tampoco así. El colegiado se acercó al monitor y se dio la vuelta moviendo los brazos en horizontal. Nada. La bola había impacto en el hombro de David, no en la mano.
El intento de reacción del Arenas
Como en Valdebebas, el Tenerife había llegado al intermedio con 0-3. Pero dando mejores sensaciones, siendo superior de principio a fin y pudiendo haber marcado más goles. Nada hacía presagiar que el resultado corriera peligro. Seguramente, el Arenas lo sabía.
También su entrenador, que no por ello podía firmar la rendición. De hecho, realizó cuatro cambios en el intermedio. Y no le fue mal. El Arenas empezó a jugar a algo y a tener más y mejor el balón. No le costó mucho recortar diferencias. Troncho colgó al área y uno de los sustitutos, Álvaro Vázquez, se coló entre Landázuri y David para picar y batir a Dani Martín. El 1-3 con 40 minutos por delante invitó a los locales a creer en la remontada. O a intentarlo, como mínimo. No era poco, dadas las circunstancias.
De Miguel pone el cuarto
Pero el Tenerife no tardó en volver a poner las cosas en su sitio. Con el mensaje captado, recuperó el nivel mostrado en el primer tiempo y extrajo el máximo rendimiento de su primer acercamiento al área rojinegra. De nuevo con protagonismo de Nacho, esta vez para colocar un balón en la frontal del área pequeña, perfecto para que De Miguel también celebrara su gol, el noveno de la temporada. El 1-4 en el minuto 58 terminó de aburrir al Arenas, que pasó de ilusionarse con una hazaña a moverse por inercia, rendido ante la fiabilidad y la contundencia del líder.
En la media hora final, el Tenerife activó el piloto automático para controlar lo poco que podía quedar fuera de su alcance. No sufrió atrás, que era lo principal, y se estiró con la entrada en el campo de atacantes plenos de energía, principalmente con Balde –también participaron Juanjo, Cris Montes y, menos tiempo, Maikel y Noel López–. No fue suficiente para ampliar la renta. Pero la victoria estaba amarrada. Que pase el siguiente. El Arenteiro en el Heliodoro.














