Pasar de trabajar en un ‘blockbuster’ épico de las dimensiones de la trilogía ‘Dune’, de Denis Villeneuve, a participar en una película como ‘L’ancre’, que mezcla el cine experimental, el documental y la ficción, está rodada en blanco y negro en 16 milímetros y dura 60 minutos, es un salto que muy pocas actrices estarían dispuestas a dar. Y aún menos, a los 79 años. La británica Charlotte Rampling (Sturmer, Essex, 1946) es una de esas actrices. «Supongo que me gusta el riesgo; tal vez en mi vida personal no sea una gran aventurera, pero sí me gusta aventurarme en la creación», asegura esta atípica estrella de belleza natural e imperecedera en cuya larga filmografía se alternan filmes de culto del cine europeo tan destacados como ‘La caída de los dioses’ (Luchino Visconti, 1969) y ‘El portero de noche’ (Liliana Cavani, 1974) con títulos comerciales como ‘Orca, la ballena asesina’ (Michael Anderson, 1977) o ‘El corazón del ángel’ (Alan Parker, 1987).
Dirigida por la cineasta e investigadora belga Jen Debauche, ‘L’ancre’ se centra en una psicoterapeuta (Rampling) que escucha grabaciones de testimonios de antiguos pacientes y relata su propia historia como víctima de un brote psicótico mientras en pantalla se suceden las imágenes de un viaje por el Ártico a bordo de un velero. La directora y la actriz han presentado la película en el marco de la 32ª edición del festival de cine independiente L’Alternativa de Barcelona, en una proyección en el Centre de Cultura Contemporània (CCCB) que se repetirá el viernes (a las 17:30 horas).
La locura en el mundo
«Quizá no es tanto osadía como que simplemente estaba intrigada y tenía ganas de saber más -apunta Rampling a la hora de explicar los motivos que la llevaron a aceptar participar en una película tan especial como ‘L’ancre’-. El tema [de la salud mental] me interesa. Es un tema muy complicado que hay que sacar del espacio cerrado en el que lo hemos recluido. Creo que Jen [Debauche] ha sabido abordarlo de una manera muy bonita, con un toque poético y experimental pero aportando también cosas importantes». El filme traza un paralelismo entre el viaje de los pacientes por el tempestuoso paisaje mental de la psicosis y la deriva de un barco por unos paisajes helados sacudidos por el cambio climático. «El Polo Norte, con esas imágenes de glaciares derritiéndose, es hoy un lugar ideal para hablar de la locura en el mundo» afirma la directora.
Charlotte Rampling no es para nada ajena a los problemas de salud mental. Ella misma, según ha confesado, atravesó en los años 90 un periodo de depresión relacionado con las dificultades para asimilar el suicidio de su hermana mayor, Sarah, ocurrido en 1967. Engullida por la oscuridad, la actriz pasó una etapa de semirretiro hasta que en 2000 volvió al cine de la mano del director François Ozon en ‘Bajo la arena’, una película en la que Rampling interpretaba a una mujer que debía lidiar con la desaparición de un ser querido. «Interpretar esos papeles fue una manera de sobrevivir -explica-. Todos en la vida pasamos en algún momento por estadios complicados que nos provocan una incertidumbre mental. Yo he vivido cosas difíciles de soportar. Pero cada película que hacía me daba una nueva oportunidad de vivir mi vida con plenitud».
Experiencias únicas
Quizá por esa necesidad de vivir de alguna manera a través de los personajes que interpretaba, la actriz inglesa se afanado siempre por tener una carrera de lo más diversa, sin quedar atrapada en el estereotipo de estrella de Hollywood al que podía haber aspirado. «Lo que me ha movido es la curiosidad, las ganas de aprender, de vivir cosas diferentes. Por eso me gusta trabajar con temas muy diversos y también con presupuestos muy diversos. He tratado siempre de que cada película fuera una experiencia única».
Charlotte Rampling y la directora Jen Debauche, en el CCCB / Zowy Voeten
Jen Debauche relata que desde que empezó a escribir el guion de ‘L’ancre’ junto a Julie Labas, tenía en la cabeza a Charlotte Rampling para el papel de la psicoterapeuta. «En ese momento era un sueño y no sé si creía de verdad que pudiera llegar a ser posible. Pero a mí me gusta creer en mis sueños. Es la única manera de que se cumplan». La directora subraya que en ningún caso se planteó contar con una estrella como Rampling pensando en que eso le ayudaría a encontrar financiación. «De hecho, fue casi al contrario -aclara-. Después de muchas negativas, la película había obtenido una subvención de una institución flamenca en el apartado de documental. Pero al ver el nombre de Rampling, la comisión que otorgaba las ayudas dijo que ella era una actriz de ficción y que no les cuadraba». «¡Ni siquiera te ayudé a conseguir dinero!», exclama la intérprete entre risas.
En realidad, continúa Debauche, lo que buscaba en la actriz era «a una mujer que hubiera vivido». A pocos meses de convertirse en octogenaria, Rampling asume su edad con fascinante naturalidad, tanto en la pantalla como fuera de ella, sin recurrir a retoques estéticos a diferencia de tantas compañeras -y compañeros- de profesión. «Entiendo que es difícil verse envejecer -comenta-, pero pienso que la solución es aceptarse y no hacer demasiado caso. Y no cambiarse la cara. Cuando la gente se arregla la cara, acaba por no tener expresiones, pero esas expresiones son el reflejo de la vida. Por eso yo decidí no hacerlo. De todos modos, hoy en día es posible dibujar sobre la película para retocar algunos rasgos y borrar el paso del tiempo. Yo no le veo mucho sentido. ¿Es esa cosa falsa lo que quieren los espectadores? No lo creo».
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