La importancia de un arquitecto técnico para una coordinación eficaz

En muchos hogares y comunidades de vecinos se realizan obras aparentemente sencillas: reparar una cubierta, renovar instalaciones, sustituir ascensores, rehabilitar fachadas o instalar paneles solares. Son intervenciones que, aunque algunas de ellas no requieran proyecto técnico, sí implican riesgos importantes para las personas que trabajan y para quienes habitan el edificio.

Lo que a menudo pasa desapercibido es que, cuando intervienen varias empresas en una misma obra, es obligatoria la figura de un coordinador de seguridad y salud. Y es aquí donde el Arquitecto Técnico se convierte en un aliado imprescindible. La misión comienza antes del inicio de los trabajos. Analizan el entorno, identifican los riesgos, organizan las tareas y garantizan que las empresas intervinientes puedan coordinarse de manera eficaz. Evitan interferencias, incongruencias y situaciones que puedan poner en peligro tanto a trabajadores como a vecinos.

En obras de viviendas o comunidades, la proximidad a las personas añade una responsabilidad especial. Hay tránsito de residentes, acceso compartido, zonas sensibles, ruido, polvo y maquinaria. Un buen coordinador sabe cómo minimizar estas molestias, establecer medidas claras y asegurar que la obra se desarrolle de forma ordenada, limpia y segura.

La presencia del arquitecto técnico aporta tranquilidad: son el nexo de unión entre la propiedad, la empresa contratista y el resto de agentes intervinientes. Facilitan la comunicación, resuelven dudas y actúan con rapidez ante imprevistos. El objetivo es que la obra avance con seguridad y sin sobresaltos.

Tener un coordinador profesional no solo evita accidentes; también evita retrasos, conflictos y costes añadidos derivados de una mala organización. Una obra bien planificada y bien supervisada siempre es más eficiente.

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