Los autónomos en España viven con una creciente incertidumbre respecto a su futuro, especialmente cuando piensan en su jubilación. A pesar de ser un pilar esencial de la economía nacional —más de 3,3 millones de personas trabajan por cuenta propia en el país—, sus derechos y prestaciones siguen estando en ocasiones por debajo de los trabajadores por cuenta ajena. Muchos se sienten abandonados por la administración, pagando cuotas altas durante años, pero con la perspectiva de recibir pensiones bajas que no garantizan una vejez digna.
Uno de los mayores temores que comparten los autónomos es el desajuste entre lo que cotizan y lo que recibirán como pensión. A diferencia del sistema de trabajadores asalariados, donde la empresa aporta una parte significativa de las cotizaciones, el autónomo debe hacerse cargo del 100% de su contribución a la Seguridad Social.
Sistema de cotización por tramos
La reciente reforma del sistema de cotización por tramos, impulsada por el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, ha vuelto a colocar el foco sobre esta situación. Aunque la propuesta pretendía aumentar la equidad, muchos profesionales han denunciado que no se adapta a las realidades de su negocio ni a sus ingresos reales.
En medio de este clima de incertidumbre, la historia de un fontanero entrevistado por los Informativos Telecinco refleja a la perfección la angustia de miles de autónomos. Se trata de un profesional que, tras décadas en el sector de la fontanería, se vio obligado a reinventarse tras la crisis económica de 2008. “Llevaba toda la vida en una empresa de fontanería, pero con la crisis me vi en la calle y decidí abrir mi propio negocio”, relató. Así nació su tienda de suministros, una apuesta que, sin embargo, no ha dado los frutos esperados.
1.000 euros de pensión
Hoy, a las puertas de la jubilación, este trabajador por cuenta propia se muestra preocupado por su futuro. A pesar de pagar una cuota mensual de 400 euros como autónomo, los cálculos le indican que solo recibirá una pensión de 1.000 euros. “Esto va de mal en peor”, afirma, visiblemente decepcionado.
Ante esta situación, el fontanero contempla una medida drástica: cerrar su negocio y buscar empleo como asalariado, aunque sea temporalmente. Su objetivo es claro: mejorar su base de cotización en los últimos años laborales para poder optar a una pensión más digna. “No me queda otra”, asegura, resignado. Y es que, aunque está próximo a la edad mínima para jubilarse, ve en el empleo por cuenta ajena su última oportunidad para escapar de una vejez precaria.














