Enélida Hernández fue nombrada en 2022 secretaria general de pastoral de la Diócesis de Canarias y desde junio también es vicecanciller, además de gerente de los tres centros diocesanos de la isla.
Es vicecanciller de la Diócesis de Canarias, pero ¿podría contar quién es y cuál ha sido su trayectoria dentro de la Iglesia?
Actualmente soy secretaria general de pastoral de la Diócesis de Canarias y, desde el pasado mes de junio, también desempeño el cargo de vicecanciller. Además, soy gerente de los tres centros diocesanos que hay en la isla. Me licencié en Filología Hispánica por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y desde entonces trabajo como profesora de Lengua Castellana y Literatura en Educación Secundaria y Bachillerato. Desde el año 2022 compagino esta labor docente con mi trabajo pastoral en la Diócesis. He estado vinculada al mundo pastoral desde muy pequeña. Crecí en el movimiento Juniors, que marcó profundamente mi vida y mi forma de entender la fe. A partir de esa experiencia, he continuado siempre vinculada a la acción pastoral y educativa, intentando unir ambas vocaciones -la enseñanza y el servicio eclesial- con un mismo propósito: la evangelización y el acompañamiento de las personas.
¿En qué consiste su trabajo como vicecanciller?
La vicecancillería abarca toda la organización técnica y administrativa de la Diócesis, y mantiene una relación directa con la vida parroquial. Desde este ámbito se gestionan asuntos económicos, proyectos de rehabilitación del patrimonio religioso y otros temas vinculados al funcionamiento interno de las parroquias. También desarrollamos una labor menos visible, pero de gran importancia pastoral y social, como es la ayuda a hermanos venezolanos y cubanos que llegan a nuestras islas. A través de la vicecancillería se tramitan, por ejemplo, certificados, partidas de bautismo y documentación necesaria para facilitar su situación y acompañarles en su proceso de integración. Es un trabajo callado y constante, que requiere coordinación con las 264 parroquias que forman parte de la Diócesis de Canarias.
«Todas las personas migrantes deben ser atendidas con los medios disponibles y acompañamiento»
¿Qué papel juegan los jóvenes en la Diócesis de Canarias?
Los jóvenes, aunque a veces pueda parecer lo contrario, cada vez se acercan más a la Iglesia en busca de un sentido para su vida. Están deseando encontrar testimonios auténticos y referentes que les ayuden a orientarse. Se dan cuenta de que las nuevas tecnologías están muy bien, pero que cuando la vida presenta dificultades o heridas, necesitan agarrarse a algo más profundo. Muchos de ellos llegan a la Iglesia en busca de ese acompañamiento y testimonio de fe, algo que encuentran en iniciativas como el proyecto Jesús de Nazaret. En él participan activamente en procesos de voluntariado, realizando labores solidarias, por ejemplo, en hospitales, donde ofrecen escucha y apoyo a las personas enfermas. Los jóvenes canarios están muy sensibilizados con la atención y el servicio a los demás, y su compromiso es admirable. Aunque ellos lo viven como una entrega, suelen decir que reciben mucho más de lo que dan, porque encuentran en ese servicio una satisfacción interior que los llena profundamente.
¿Se ha notado en la Diócesis de Canarias el cambio de papa?
No ha sido un cambio radical, sino más bien una transición natural y continua. Veníamos del papa Francisco, que impulsó una visión de la Iglesia como un hospital de campaña, siempre atenta a las heridas de la vida y cercana a quienes sufren. El papa León XIV recoge ese mismo espíritu y nos recuerda que la Iglesia debe permanecer al lado de los pobres y de las personas más necesitadas. En una de sus cartas dirigidas al mundo educativo, el papa hace un llamamiento a toda la comunidad escolar -familias, profesorado y alumnado, tanto de centros católicos como públicos- a unir fuerzas y convertirse en mapas de esperanza para los jóvenes que tienen entre sus manos. Ambos pontífices siguen un proceso humanizante y profundamente evangélico, por lo que no creo que haya habido un cambio, sino una continuidad en el camino. Además, el papa León XIV ha apostado por mantener vivo el proceso sinodal, en el que se ha escuchado a todos los católicos. Ahora somos todos corresponsables de la Iglesia que queremos construir, siempre mirando la realidad desde los ojos del pobre.
¿Cree usted que el papa León XIV vendrá a Canarias?
Sinceramente, creo que sí. El Papa León XIV está muy sensibilizado con la realidad migratoria que vivimos en las islas. Así se lo ha manifestado en varias ocasiones a nuestros obispos, cuando han tenido la oportunidad de compartir algunos minutos con él durante los distintos momentos jubilares celebrados en Roma en estos años. De hecho, el papa Francisco probablemente también habría venido, pues siempre mostró un gran interés por conocer esta tierra que es puente y frontera entre pueblos, símbolo de encuentro y de esperanza. La Iglesia en Canarias está haciendo un esfuerzo importante por acoger e integrar a todas las personas migrantes que llegan a nuestras costas, ayudándolas poco a poco a reconstruir su vida y alcanzar sus sueños. Esa es, sin duda, una de las misiones más hermosas y humanas que tenemos como comunidad cristiana.
«No es imposible pensar en un futuro donde la mujer pueda desempeñar un papel sacerdotal»
Estamos viviendo una época de cambios en el Archipiélago. ¿Cuál es la posición de la Iglesia frente a la oleada migratoria?
La postura de la Iglesia es profundamente asistencial y humana. Creemos que toda persona migrante debe ser atendida, con los medios disponibles y sin que nadie quede sin ayuda ni acompañamiento. Al mismo tiempo, somos conscientes de que esta realidad está estrechamente vinculada a la situación política, y desde la Iglesia defendemos que los migrantes deben recibir un trato digno y respetuoso, que les permita continuar su camino y abrirse paso hacia la Península o Europa. Lo importante es que encuentren su lugar en el mundo laboral y social, no solo en Canarias -donde las condiciones, por ser islas, pueden resultar más limitadas-, sino también en cualquier parte del mundo. Al igual que muchos canarios que emigran en busca de mejores oportunidades, los migrantes también deben tener la posibilidad de moverse libremente, con todas las garantías y derechos que les corresponden como hijos e hijas de este mundo. Es fundamental romper las trabas burocráticas que dificultan su integración y permitir que puedan vivir y trabajar con libertad y dignidad allá donde vayan.
¿Cree usted que algún día una mujer ocupará el puesto de sacerdote?
Los padres y madres sinodales que han participado en el proceso del Sínodo están colaborando en una comisión especializada que estudia y analiza todos estos temas con profundidad. Los cambios en la Iglesia deben llegar en su debido momento, porque requieren discernimiento y madurez. Puede que se tarde más o menos, pero no es imposible pensar en un futuro donde la mujer pueda desempeñar un papel sacerdotal. Ya estamos viendo avances significativos. En Galicia, por ejemplo, algunas diócesis han nombrado a mujeres para colaborar en las celebraciones de la palabra, un gesto que refleja esa apertura progresiva. Son pequeños pasos, pero muy valiosos, que muestran cómo la mujer va asumiendo un papel cada vez más activo en la vida pastoral y en las tareas cotidianas de nuestras parroquias.
«Vería con buenos ojos una que Roma se aproximara hacia la Teología de la Liberación»
¿Qué opina sobre una posible anulación del celibato en la Iglesia Católica?
Todo está vinculado al proceso de evolución de la sociedad. Este tema se irá estudiando y discerniendo con el tiempo, paso a paso, según vayan marcando los propios procesos sociales y eclesiales. No sabemos si este cambio llegará en algún momento ni si la sociedad actual llegará a verlo, pero la historia de la Iglesia demuestra que las transformaciones llegan cuando deben llegar. En los años 70, por ejemplo, las misas se celebraban con el sacerdote de espaldas al pueblo, y hoy vivimos esa realidad de una forma completamente distinta. Todo cambio requiere su tiempo, su reflexión y su madurez.
¿Vería con buenos ojos que se llevara a cabo una aproximación de Roma hacia la Teología de la Liberación?
Pues sí, esto va en consonancia con todo lo que estamos viviendo. No podemos quedarnos solo en la filosofía o en las teorías, sino que la Iglesia debe seguir caminando y evolucionando al ritmo de los tiempos, siempre fiel a su misión, pero abierta a los nuevos contextos y realidades. En la dimensión social, la Iglesia desempeña un papel fundamental, acompañando a las personas, promoviendo la justicia y ayudando a construir una sociedad más humana y solidaria.
¿Cuál cree usted que es el mayor problema que tiene la Iglesia?
No le vería ningún problema, más allá de los que la propia sociedad a veces quiere ver en la Iglesia. Somos conscientes de que no somos perfectos y de que, en ocasiones, nos hemos equivocado. Lo importante es reconocer los errores, pedir perdón cuando es necesario y seguir trabajando con sinceridad y compromiso en favor de las personas y de los valores que defendemos.
¿Y grandeza?
La mayor grandeza, sin duda, es poder llegar a todas y cada una de las personas, tender la mano y ofrecer ayuda a todo aquel que lo necesite. Esa es, al final, la esencia de la Iglesia y de la labor pastoral: estar cerca, acompañar y servir con humildad.
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