A pesar de que a uno le gusta tirar de nuestro rico refranero para explicar el sinsentido del Valencia CF, esta vez, he de confesar que me he rendido sin encontrar la precisión deseada. Me vino de golpe aquello de «ir como pollo sin cabeza». Sí, pero no. Aunque el club se ha convertido a lo largo de seis años en un engendro sin ideas ni liderazgo, aquí no hay frenesí ni movimiento. Nadie corre sin el ‘okey’ de Singapur. Todos se quedan quietos, en silencio, esperando que las tormentas aflojen sin mojarse demasiado. Un comportamiento pensado en el interés -bolsillo- personal por encima de la entidad para el que, quizá, encajarían más otros dichos como los de «virgencita, virgencita, que me quede como estoy» o «quien se fue a Sevilla perdió su silla».
En las últimas fechas, el mensaje -siempre off the record, por supuesto- que emana del club es que Ron Gourlay, CEO de Fútbol, va a ejercer de verdad. Ahora sí. Prepárense. ¡Átense los machos! Una revolución se avecina en la secretaría técnica para captar jugadores jóvenes allá en los confines del universo. Como se dice en valencià, quan més sucre més dolç… pero, Ron, las urgencias del presente pasan por «hombres y no niños» que levanten al equipo del suelo, y que ayuden a controlar el redil a un entrenador que en València no se ha destacado, precisamente, por brindar oportunidades a la cantera. Si no, ¿por qué la pretemporada de Pablo López no tuvo el espacio ocupado Ramazani, ahorrando para otra operación el salario y el coste de la cesión del belga?
Más seriamente. Bienvenida sea la apuesta de mejora en la dirección deportiva a base de recursos humanos y tecnológicos, y de colaboración con el excelente trabajo hecho durante años en la Academia VCF, sobre todo, si sirve para extender la red a los mercados exteriores. Sin embargo, con el Valencia sufriendo en puestos de descenso, como hace un año, suena con una melodía similar a lo de fijar Europa como objetivo allá para la temporada 2027/28. Otra huida hacia delante para ganar tiempo, el que necesita para madurar el talento joven.
Especialistas del escapismo
Permítanme, al menos, el beneficio de la duda, pues en el caos en el que se ha transformado el Valencia desde finales de 2019 si algo abunda son los especialistas del escapismo, de ganarle tiempo al mismísimo tiempo donde ya no lo hay -o no debería haberlo con el club agonizando-. Los ejemplos sobran y los personalizan Javier Solís y Miguel Ángel Corona, a los que hace un par de días Santiago Cañizares les sacó los colores con la calma y la certitud que le caracterizan. «La dignidad no es lo que resalta en ellos. El que permanece cerca de Peter Lim es porque no la tiene. Sumiso es una persona que por necesidad le toca serlo», comentó el portero de las dos finales de la Liga de Campeones en 2000 y 2001.
En marzo, Solís aumentó su posición en el club tras el relevo en la presidencia de Layhoon Chan por Kiat Lim. Pasó a ser director general -recuerdan-, el cargo que desempeñó Mateu Alemany. ¡Casi nada, eh! Centrado en sacar adelante el Nou Mestalla, de la mano de los políticos de la ciudad, preocupados más por los beneficios que traerán un par de partidos mundialistas que por los que supondría una entidad respetada de regreso al circo de la UEFA Champions League, el abogado valenciano ha guardado silencio, poniéndose de perfil, en cada momento de crisis. Sin micrófonos ni cámaras grabando, en cambio, sí ha hablado en pro de la comodidad de Gourlay, tratando de rebajar el volumen de la crítica tanto en Mestalla como en el entorno mediático.
Libertad de actuación en Mestalla
En agosto, tras un largo periodo de ausencia, los ultras volvieron a liderar la animación en el interior del estadio con una lista de integrantes validada por el club. Hasta el momento, los cánticos, con nombres y apellidos contra los gestores de la administración Lim, a diferencia de etapas anteriores, apenas se han oído desde la Curva Nord, y no tiene pinta de que vaya a cambiar en la próxima cita frente al Real Betis, atendiendo a las manifestaciones de sus responsables, que, tras partidos señalando a los futbolistas como principales culpables, se han propuesto ahora «animarlos por el escudo». Han despertado ellos mismos la expectativa sobre la respuesta global que la afición de Mestalla, mediante la suma de la libertad individual de cada uno, ofrecerá de aquí en adelante a la pesadilla que padece desde hace seis temporadas.
El de Corona es otro ejemplo del interés propio por bandera. Sin fichajes de los que poder presumir en cinco años, tampoco es capaz de dimitir, degradado desde antes de la llegada de Gourlay, con aquel viaje a Singapur en el que se lo dejaron en casa, y sin opinión hasta hoy para los imprescindibles fichajes que deben hacerse este enero. Incluso, el de Talavera de la Reina ha recibido de buen grado la propuesta del Panathinaikos por si en un momento dado se hace verdad que el escocés manda y decide amortizarlo como director deportivo.
Los Lim, más desinterés que nunca
Con la caja vacía y los Lim, padre e hijo, con más desinterés que nunca antes, el Valencia carece de recursos para hacer bueno cualquier plan de reestructuración, como la del área de ‘scouting’. Un contexto en el que chirría la duplicidad de cargos y salarios reinante. Un director general sin puñetera idea de fútbol, y un CEO de Fútbol que podría hacer bien de director general -bueno, si hablase castellano para ejercer las relaciones sociales e institucionales-, bien de director deportivo. Y, a todas estas, los jugadores aprovechando el espejo roto que es el club y un entorno en el que calentar sillas importa más que honrar el escudo. De aquí no se van ni a Sevilla ni a ningún otro lugar. La ambición se perdió volando hacia el verano de 2027.
Vía: Superdeporte












