MARCHA VERDE | La Marcha Verde: un conflicto que sigue sin solución medio siglo después

3. ¿Qué desencadenó la marcha?

3.1 El tablero global

El franquismo había anunciado a la ONU su intención de convocar un referéndum de autodeterminación para la población saharahui censada en 1974. Hasán II advirtió a su principal aliado, Estados Unidos, de la posibilidad de que, tras la muerte de Franco y con España sumida en un cambio de régimen, naciera allí una república árabe vasalla de Argelia, que a su vez estaba apoyada por Rusia. La URSS podía conseguir una salida al Atlántico frente al continente americano, y eso EEUU no iba a permitirlo.

Apoyándose en una interpretación muy particular de una sentencia del Tribunal Internacional de La Haya, el 16 de octubre de 1975 Hasán II ordenó a su «pueblo amado» a marchar sobre el Sáhara Occidental de forma pacífica. La CIA le ayudaría con la organización de esa marcha en un país sin apenas medios logísticos que, de repente, tuvo miles de grandes camiones a su disposición, agua, combustible y otros pertrechos…

3.2 La batalla por los fosfatos

Una gran riqueza mineral había sido descubierta por un ingeniero madrileño en 1965 en el área de Bucrá: un gran yacimiento de sales de ácido fosfórico, los fosfatos con que se fabrican los fertilizantes.

El INI franquista (Instituto Nacional de Industria) se gastó 9.000 millones de pesetas de la época en la explotación del yacimiento con una enorme draga capaz de llenar dos camiones en cada palada, y una cinta transportadora de 110 kilómetros hasta la costa de El Aaiun. Principal participante: la firma alemana Krupp. Los intereses mineros norteamericanos perdían ante la opción europea tomada por Industria.

Controlando el Sáhara Occidental, Marruecos se ha consolidado como el segundo productor de fosfatos del mundo tras China. Hoy Rabat explota el yacimiento con una firma del Estado, la OCP. En 2023, una tonelada de fosfatos para fertilizantes se vendía a 900 dólares. Ese año -último dato disponible- Marruecos facturó el equivalente de 8.300 millones de euros gracias su minería del fosfato.

Draga de fostatos en Fos Bucrá. Foto: Office Chérifiene de Phosphates
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Cinta transportadora construida por la administración española para llevar el fosfato al puerto de El Marsa (El Aaiun). Medía 110 km. Foto: CIA

3.3 El franquismo agonizaba… y Marruecos se aprovechó

El 16 de octubre de 1975, la sentencia del Tribunal Internacional de La Haya declaró que el territorio del Sáhara Occidental nunca fue una tierra de nadie. O sea, que tenía pobladores legítimos cuando España se instaló allí en 1882. Pero también declaró que no había conexión histórica política de esos pobladores originarios con Marruecos.

El rey Hasán II precisaba ganarse el apoyo de su pueblo y de su ejército, parte del cual había organizado un golpe de Estado contra él solo cuatro años antes. El dictador Francisco Franco había sufrido un infarto en pleno consejo de ministros en El Pardo del que ya no se recuperaría.

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Franco agonizaba.

El monarca alauí jugó sus cartas ante la comunidad internacional y ante Estados Unidos.

En el primer frente, aprovechó el descrédito de España tras las últimos fusilamientos del franquismo, llevados a cabo en septiembre ante una ola mundial de reprobación.

En el segundo frente, convenció a Washington de que España entraba en un periodo incierto de inestabilidad en cuanto muriera Franco. La Casa Blanca -entonces ocupada por el tándem formado por el presidente Gerald Ford y el secretario de Estado Henry Kissinger- pudo temer que España entrara en un periodo de revolución en la metrópoli y guerra colonial en África: o sea, lo mismo que había ocurrido un año antes en Portugal. Para cerrarle la puerta al Atlántico a Argelia y la URSS, a la Casa Blanca le pareció más segura la opción marroquí.

España tenía superioridad militar sobre Marruecos, pero una clara inferioridad estratégica y política.

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