los vecinos de un bloque de Las Suertes de Collado Villalba denucian su insoportable situación

Ni
las cámaras que han tenido que instalar ni los carteles de aviso con
la leyenda “Si decides entrar aquí a participar en actividades
ilegales estás siendo grabado y serás denunciado”…  o «Sin clientes no hay trata». Nada parece
disuadir a los ‘usuarios’ del burdel con el que tienen que ‘convivir’ los vecinos en su propio portal… y ya están hartos.

Es
la situación de un bloque de viviendas en una zona residencial de Collado Villalba, Las Suertes. En uno de los pisos se
ejerce la prostitución y se vende y consume droga, denuncian
, y ya no pueden
más con la sensación de inseguridad que les genera. 

El
trasiego
es constante, día y noche, los telefonillos y timbres
sonando a horas intempestivas
… 
La convivencia con ese piso, alquilado y convertido en prostíbulo, es insoportable.

«Es un 24-7, da igual el día de la semana, da igual la hora que sea. Desde por la mañana bien temprano, los niños cuando salen al colegio se cruzan con este tipo de personas, a mediodía es increíble, los que tenemos hijos adolescentes, que ya llegan del instituto, tenemos que estar muy pendientes para ver con quién se cruzan. Y luego por la noche, de madrugada… Esto es un no parar», se queja Miriam, una de las vecinas.

Están
desesperados. Son once familias, con niños pequeños, adolescentes y personas mayores, que llevan tres años sufriendo este problema pero no termina
de llegar la solución. 
La propietaria del piso ya lo tiene denunciado ante la Justicia, que aún no se ha pronunciado, y rara es la semana que los vecinos no llaman a la Guardia
Civil o la Policía Local
una o dos veces, las últimas por
vandalismo.

«Colocamos los carteles y nos los iban quitando día sí día también, al final decidimos ponerlos con bridas, enganchados a los barrotes del portal, y uno en el interior con un metacrilato taladrado a la pared. Recientemente los que han pintado con spray negro. Luego empezaron a marcar el telefonillo con esmalte de uña rosa. A día de hoy está rayado y han puesto ‘putas’ debajo del de la vivienda en cuestión», cuenta Miriam.

También se han tenido que enfrentan a situaciones desagradables, como que las trabajadoras del burdel salgan a la puerta en ropa interior pensando que es un cliente cuando llega un repartidor o clientes ebrios y orines en el portal e incluso los rellanos.

«Un día que era festivo, en las fiestas de El Gorronal, salí por la mañana y me encontré un hombre en las escaleras, muy borracho, y avisé a los vecinos, se había orinado en toda la zona del portal y en mi felpudo, que obviamente tuve que tirar a la basura. Entonces llamé a la policía para que lo desalojasen».

Además,
tienen que soportar publicidad de servicios sexuales, 
ruidos molestos, peleas, gritos y amenazas en el interior del pisoolores de la
droga
que se consume y se cuela en las otras viviendas, «sobre todo la vecina que vive encima, que lo oye absolutamente todo. Ha tenido que llamar muchísimas veces por los ruidos, sexo telefónico incluso. Y los olores, en el portal obviamente huele, pero a esta vecina se le está filtrando en su casa».   

Los vecinos, sospechando que pueda ser un caso de trata, han llegado a ofrecer ayuda a las chicas que trabajan en el burdel para que salgan de su situación a través de una asociación.

Saben
que hace unos años, también en Las Suertes, en la misma calle, padecieron un caso similar en uno de los bloques, y se terminó solucionando porque una de las mujeres denunció por malos tratos.

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