La investigadora de ciencias políticas Cara Dagget acuñó en 2018 el término «petromasculinidad» para definir las diferentes formas de afirmación masculina asociadas al motor de combustión, el estrecho vínculo existente entre la estética fósil y el poder. Una relación nacida desde la revolución industrial que perpetuaba la hegemonía masculina sobre el planeta a través de la sustracción y consumo de combustibles fósiles, teniendo como máximos exponentes a los regímenes fascistas, que lo aprovecharon para generar a su alrededor un imaginario de poder y de deseo que ha llegado a nuestros días.
«Es eso que decía Dagget de ‘transformar el mundo y ponerlo a funcionar'», explica Gemma Barricarte, comisariada de la exposición ‘Aquí hay Petróleo’ junto a Jaime Vindel, ambos investigadores del IH-CSIC. Una muestra, que se exhibe ya en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, y que funciona como una cartografía crítica del mundo modelado por el carbón, el petróleo y el gas natural, cuyas infraestructuras no solo han transformado el territorio, sino nuestra forma de sentir.
Fiesta de San Cristóbal, patrono de los automovilistas, celebrada en 1966. Momento de bendición de coches después de la misa de campaña y procesión con la imagen del Santo en el Paseo de Coches del Retiro. / Ministerio de Cultura y Deporte, Archivo General de la Administración.
Oleoductos, refinerías, cementeras, escombreras, autopistas y fábricas pueblan una exhibición con numeroso material de archivo y piezas audiovisuales de numerosas procedencias, entre ellas instituciones estatales, como la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales o el Instituto Eduardo Torroja (CSIC), que ayudan a desnudar la llamada «modernidad fósil», que tiene como tótem el petróleo, y a través de la que se han generado idearios diversos de progreso e identidad.
Progreso vinculado a combustibles fósiles
La muestra se abre con una ilustración creada en 1891 por el ingeniero vasco Alberto Palacio donde emerge un monumento a Colón sobre El Retiro que convierte al conjunto del planeta en una inmensa máquina de vapor alimentada por la quema de carbón. «El progreso se vincula con el consumo de combustibles fósiles. La modernidad industrial dio cierta continuidad a la colonización en América Latina», aprecia Vindel sobre esta antesala de la muestra, organizada por el Círculo y la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición ecológica y el Reto Demográfico.
«La transición energética no es solo un hecho técnico, sino algo subjetivo y que genera discurso político», añade Barricarte frente a varias fotografías de líderes políticos contemporáneos –Donald Trump, entre otros– frente a sus aviones presidenciales o tractores, que funcionaron para la «delegación de propaganda del franquismo», al igual que para la dictadura de Mussolini en Italia, como «emblema de autosuficiencia económica».
La muestra aborda cómo las grandes infraestructuras y las industrias energéticas se convirtieron en símbolo de progreso y en herramientas para «reforzar la imagen del régimen», ya que se hilaban la «supuesta grandeza del espíritu nacional con la necesidad de desarrollo económico» que dibujaban un «futuro próspero» que ayudara a superar «el trauma de la Guerra Civil».

Complejo Calvo Sotelo en Puertollano, que incluía una refinería de petróleo, una fábrica de fertilizantes y una central térmica en una imagen tomada por Juan Miguel Pando Barrero en febrero 1971. / Archivo Pando, Instituto del Patrimonio Cultural de España, IPCE, Ministerio de Cultura y Deporte MCD
Más tarde serían el automóvil privado y la aviación de pasajeros las que se asociarían al desarrollo, la libertad y la felicidad, como dejaba patente las tendencias en la publicidad. «Los imaginarios vinculados al coche de combustión introducen la posibilidad de una democratización del acceso a paisajes naturales», señala Vindel. «El coche nos parece un elemento que conecta mucho con el presente», añade Barricarte, que considera que la «masculinidad hegemónica» se ha asociado siempre «al dominio de la máquina, del coche, centrándose mucho en ese imaginario del ‘american way of life'».
Los comisarios de la muestra, que contará con diversas actividades paralelas y visitas que ayudarán a profundizar en esta tesis, también han dado cabida a los nuevos formatos de petromasculinidad que se manifiestan en las imágenes digitales, las redes sociales y los videojuegos, donde se «reinterpreta esa relación entre energía, poder y masculinidad» en la cultura contemporánea. «Es que, fíjate, la marca Mustang está comercializando en la actualidad un coche eléctrico y regala un frasco de fragancia que huele a gasolina», concluye Vindel.
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