¿Por qué cree que ‘A dos metros bajo tierra’ llegó a tanta gente y sigue haciéndolo? ¿Es porque nos ayuda a hacer las paces con la muerte?
La muerte es un tema incómodo que, en cierto modo, hicimos menos terrorífico, y no sé si decir entretenido, pero sí al menos con su parte de humor. Otra razón fueron los personajes. La gente se enamoró de ellos, yo mismo incluido. El casting fue muy acertado. Y todos teníamos alguien con quien identificarnos, del joven gay a la chica adolescente, pasando por la mujer de mediana edad. Todos los personajes eran queridos.
Y después se los cargó a todos…
[ríe]. En aquel momento trabajaba con otros seis guionistas, gente realmente buena, gente muy inteligente. Y cuando teníamos por delante la última temporada, nos preguntamos cómo debía acabar la historia. Alguien –no yo– sugirió que los matásemos a todos. Nuestro primer instinto fue echarnos a reír, pero después empecé a pensar y entendí que realmente tenía todo el sentido del mundo que los acompañáramos a todos en el momento de su muerte. ¿De qué otra forma iba a acabar esta serie? Estaba cantado.
¿Cómo fueron las conversaciones con [el supervisor musical] Gary Calamar sobre la canción que debía sonar en esos momentos finales?
Recuerdo que trajo un puñado de temas y los escuchamos. Al final todo quedó entre la canción de Sia [‘Breathe me’] y otra de un artista que ahora no recuerdo [en una entrevista anterior mencionó a Iron & Wine, aunque no el título de la canción]. Pero la de Sia era claramente la mejor opción. Cuando montamos la secuencia, sentí como si Sia la hubiera compuesto expresamente para nosotros.
¿Fue difícil pasar varios años de vida pensando solo en muerte, muerte, muerte?
Lo crea o no, fue divertido. Toda la gente que trabajó en esa serie creía mucho en lo que estaba haciendo. Para los actores, no siempre fue sencillo, porque a veces los llevábamos a lugares realmente dolorosos. Yo mismo podía tener días en que el trabajo me conmovía. Escribir esta serie me ayudó a procesar mis propios sentimientos y miedos o a cerrar heridas antiguas. Cuando escribí el último episodio, a veces me paraba para llorar y después seguía con ello. Pero quiero resaltar, sobre todo, la diversión.
Con las aperturas, más de sesenta muertes distintas, se divirtieron bastante. Parecían salidas de la saga ‘Destino final’.
Desde luego que sí. Si tuviera que quedarme con una, sería aquella en que un puñado de muñecas hinchables salen volando de un camión y una mujer mayor cree estar ante el arrebatamiento [ríe]. Con el tiempo, empezamos a jugar con las expectativas de la gente. Un hombre encendía el gas y creías que la casa iba a explotar, pero después sonaba el teléfono y se oía un tiroteo al otro lado de la línea. Ese tipo de cosas.
¿Por qué eligió la televisión y no el cine después de su enorme éxito con ‘American beauty’?
En primer lugar, porque antes de estrenarse la película había firmado un contrato de desarrollo de tres años con HBO, y no quiero ser una persona que incumple compromisos. Y además, en aquel momento había empezado a emitirse ‘Los Soprano’ y estaba muy entusiasmado con el potencial del medio.
En los últimos años ha habido una corriente de opinión que ha cuestionado severamente el valor de ‘American beauty’. ¿Cree que es, al menos en parte, una especie de consecuencia de las alegaciones contra Kevin Spacey?
Intento no prestar atención a esas cosas. Sé que ahora no está bien vista. No sé si es por Kevin, aunque es difícil ver el filme sin pensar en, ya sabe, de qué se le ha acusado. La relación entre la joven y el hombre mayor se ha convertido en un tabú, aunque tampoco pase tanto entre ellos en la película.
Tres años después del final de ‘A dos metros bajo tierra’, reapareció con ‘True blood (Sangre fresca)’, una serie más escapista, pero en la que el vampirismo era un caballo de Troya para hablar de racismo y homofobia. ¿Fue un proyecto igual de persona para usted?
No, en realidad no. Después de ‘A dos metros bajo tierra’, quería hacer algo divertido. No quiero decir que mi anterior serie no lo fuera. Pero quería hacer algo más, digamos, palomitero. Di con estos libros [de Charlaine Harris], me parecieron entretenidos, y pensé que podían dar pie a una gran serie. En aquel momento, HBO estaba desarrollando otra serie de vampiros, y la cancelaron para hacer la mía, lo que me hizo sentir mal. Pero me alegra no haber tenido que llevarme el proyecto a otro sitio, porque era allí y en ese momento donde debía llevarse a cabo.
También palomitera fue ‘Banshee’, una de las mejores ficciones ‘pulp’ televisivas jamás vistas, un festival de serie. ¿Qué aportó a ella como productor?
Tenía un contrato de desarrollo general con HBO, y Jonathan Tropper, el creador de la serie, vino y nos la propuso a mi socio y a mí. Era la mejor idea que había oído nunca [es la historia de un hombre que, recién salido de prisión, decide adoptar la identidad del sheriff de una pequeña localidad de Pennsylvania]. Y a la gente de Cinemax, por entonces parte de HBO, también le gustó. Mis aportaciones fueron elegir al director para el piloto, dar algunas notas, ver montajes… En realidad, tampoco hice mucho a nivel creativo. Solo supe reconocer una buena idea y la llevé al sitio correcto.
Su última serie como creador hasta la fecha es ‘Here and now’, un drama familiar con el que se atrevió a hablar de, como dice el título, el aquí y el ahora. Reflexionar sobre nuestro mundo sin esperar a que la mirada fuera retrospectiva.
A mí me parecía una buena idea, pero creo que a mucha gente no le gustó que incluyera, además, elementos más místicos. Los críticos la odiaron y la gente no la vio. Aquello me hundió bastante, pero entiendo que no todo puede ser un éxito.
¿Está preparando algo en estos momentos?
He pasado los últimos cinco años tratando de levantar dos proyectos y no lo he conseguido. Así que he cogido uno de ellos y he decidido convertirlo en libro, algo que me ha sacado de mi zona de confort y me ha obligado a escribir de otra manera. Es un medio con sus ventajas: no has de pedir permiso para nada ni tienes a nadie mirando lo que haces por detrás. No sé bien qué pasará con esta novela. Quizá se publique y quizá acabe siendo una serie de televisión [ríe].













