la historia de éxito del liberal Jetten para enterrar la era Wilders en Países Bajos

No estaba prevista su participación en el debate electoral de la cadena RTL, pero la ausencia de última hora de Geert Wilders le brindó la oportunidad de intervenir en su lugar, y Rob Jetten (Veghel, 38 años) no la desaprovechó.

Su aparición supuso un punto de inflexión en la campaña electoral. Jetten dominó la conversación. Salió de su zona de confort. No se limitó a hablar de cambio climático y de educación, los temas habituales de su partido. En esta ocasión, el líder de Demócratas 66 (D66) no tuvo reparos en hablar de migración, un tema dominado por la ultraderecha. Tampoco dejó de lado la crisis de la vivienda, una de las principales preocupaciones de los jóvenes.

Fue entonces cuando comenzó su ascenso meteórico en las encuestas. Un ascenso que se materializó este miércoles en forma de votos. Con cerca del 99% de las papeletas escrutadas, su D66 superaba al ultraderechista Partido por la Libertad (PVV) de Wilders por una diferencia de 15.000 sufragios, según la agencia de prensa neerlandesa ANP.

La formación socioliberal está a solo un paso de ganar sus primeras elecciones parlamentarias, y Jetten está a solo un paso de ser el próximo primer ministro. Se convertiría en el primer jefe de Gobierno abiertamente homosexual y el más joven en la historia de Países Bajos.

Wilders perdió más de una cuarta parte de los 37 escaños que consiguió en las últimas elecciones de noviembre de 2023. Pero la cara visible de la extrema derecha neerlandesa no se da por vencido. «Mientras no haya una claridad del 100%, D66 no puede tomar la iniciativa [para formar gobierno]. Haremos todo lo posible para evitarlo», declaró en la red social X.

Los resultados definitivos no llegarán hasta la próxima semana. El ganador tendrá preferencia para sondear las opciones para alcanzar una mayoría, pero Wilders no integrará el próximo Gabinete por mucho que mantenga a su partido como la primera fuerza política del país. Dos tercios del arco parlamentario lo han excluido de la gobernabilidad por su tendencia a romper coaliciones.

Idealismo

El tono optimista de la campaña de Jetten no casaba con el clima de polarización que inundaba el debate político en Países Bajos. Su mensaje resultaba a ratos chocante, extraño, como venido de otro planeta.

«El atractivo de Rob Jetten se basó en parte en la campaña optimista y enérgica que llevó a cabo, presentándose como un constructor de puentes entre la izquierda y la derecha», explica Stinj van Kessel, profesor de Política Comparada en la Universidad Queen Mary de Londres.

«Puso menos énfasis en los temas más progresistas de la agenda de D66, como el cambio climático y los derechos LGTB, y adoptó una posición más estricta respecto a la inmigración», añade el especialista.

Según el jefe de campaña de D66, Robert van Asten, el partido había tomado nota de los errores del pasado. «A D66 le dijeron que el tono moralista no funcionaba. Por eso esta vez optamos por un tono optimista y con mirada al futuro», confesó el propio Van Asten en declaraciones al diario De Telegraaf. También surtió efecto la creación de contenido diseñado para TikTok.

«El partido socioliberal llevó a cabo una campaña notablemente optimista en un país que se muestra sombrío. D66, como en otros momentos de su historia, se presentó como la alternativa centrista tanto para votantes de izquierda como de derecha. Y eso también lo reflejan los resultados», resume en su comentario el diario NRC.

«Por ahora, esta estrategia de campaña atrapalotodo ha funcionado», apunta Van Kessel. «Finalmente, Jetten logró atraer tanto a votantes que antes apoyaban a la izquierda como a quienes habían votado por partidos de derecha, aunque formar una coalición con partidos de distintas orientaciones ideológicas podría resultar más difícil».

«Veo una amplia mayoría de partidos que quieren volver a construir algo en este país», declaró, confiado, el líder de D66.

Jetten visualiza una coalición «por el amplio centro». Pretende incorporar en el próximo Gabinete a la plataforma conjunta de verdes y laboristas (PvdA-GroenLinks), a los conservadores de la Llamada Cristiano Demócrata (CDA) de Henri Botenbal y a los liberales conservadores del Partido Popular por la Libertad y la Democracia (VVD) de Dilan Yeşilgöz.

Esa combinación sumaría 86 escaños. Pero no será fácil articularla. Yeşilgöz, sucesora del ex primer ministro Mark Rutte a la cabeza del VVD, descartó cualquier pacto con el PdvA-GroenLinks de Frans Timmermans. Sin embargo, el excomisario europeo anunció su dimisión la noche del miércoles después de perder cinco escaños y relegar a su coalición al cuarto lugar en el Parlamento.

Aunque Yeşilgöz dijera este jueves que «nada ha cambiado» y que seguía descartando su incorporación a un «Gabinete de izquierdas», es indudable que la renuncia de Timmermans abre una ventana de oportunidad.

La alternativa, además, no parece viable. Esta segunda vía requiere necesariamente del respaldo parlamentario de JA21, una escisión del ultraderechista Foro por la Democracia (FvD) de Thierry Baudet, que obtuvo nueve escaños en la Cámara. Aun así, faltaría uno más para alcanzar la cifra mágica de 76.


Rob Jetten celebra la victoria electoral en la sede del D66 en Leiden.

Piroschka van de Wouw

Reuters

Un viejo conocido

Jetten tiene un largo camino por delante para ser primer ministro, pero puede romper el récord del democristiano Ruud Lubbers, que asumió el cargo en 1982 a la edad de 43 años. Rutte tenía la misma edad cuando se estrenó en 2010.

Por mucho que tenga 38 años, el líder de D66 no es un recién llegado a La Haya. Ha sido diputado, líder del grupo parlamentario, jefe de partido y ministro de Clima y Energía en el cuarto Gabinete de Rutte. Uno de los líderes del VVD, Klaas Dijkhoff, lo llamó una vez fanático del clima (klimaatdrammer, en neerlandés). Se quedó con esa etiqueta.

Jetten también ha sufrido severas derrotas en las urnas. En las últimas elecciones en las que Wilders arrasó, por ejemplo, su D66 pasó de tener 24 escaños a tan solo nueve.

La dinámica empezó a cambiar a finales de verano. En agosto, la sede nacional del D66 sufrió un asalto a manos de activistas de extrema derecha. El ataque conmocionó a la opinión pública. Despertó una ola de simpatía por la formación liberal progresista, que registró un aumento exponencial de afiliados.

Otra sede de D66, la que se ubica en Leiden, estalló de júbilo la noche del miércoles tras conocer los sondeos a pie de urna, que colocaban a la formación como primera fuerza del país.

«Los Países Bajos han enviado una señal muy clara», celebró Jetten frente a la militancia. «Millones de neerlandeses han pasado página. Han dicho adiós a la política del negativismo y del odio. Millones de neerlandeses han optado por fuerzas positivas y por una política que mire nuevamente hacia adelante».

Uno de sus retos será aplacar el descontento que allana el camino de la extrema derecha. De momento, el líder socioliberal ha conseguido aplacar a Wilders. Pero Wilders no está solo en ese espectro.

Como advierte el citado comentario del diario NRC, el PVV «perdió con fuerza, pero el bloque radical de derechas —PVV, Foro por la Democracia y JA21—, aunque no tiene suficientes escaños para formar gobierno, sigue siendo igual de grande. Si se cuenta al Movimiento Campesino-Ciudadano (BBB), que en la campaña se acercó al PVV, el giro hacia la derecha radical de hace dos años no fue un fenómeno aislado».

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