ESPECIAL DANA 29-0 | Ona, la niña milagro de la dana

El miércoles 30 de octubre, como muchos de los ciudadanos que no habían vivido en primera persona la riada, pudieron empezar a ser conscientes de la magnitud de la catástrofe. «Piensas que se puede haber salido algún río e inundar algún camino o paso a nivel, pero nada comparable a todo lo que vimos después», indica Pepe.

Ona había nacido sana. Sus padres disfrutaban de sus primeras horas de vida en esa habitación pendientes de todas las imágenes y vídeos que les llegaba del exterior. La falta de comunicación y de vías para desplazarse imposibilitó que sus amigos y familiares pudieran acudir al hospital a conocer a la pequeña. Además, el barro y el agua habían golpeado a la familia de Lourdes en l’Alcúdia. La vivienda de su hermana se había inundado, por lo que era el momento de iniciar las labores de limpieza y retirar los trastos, muebles y enseres inservibles. «Tenía toda la casa llena de barro, el garaje era una pecera. Por suerte, todos estaban bien, pero sabíamos que parte del pueblo se había inundado. No sabíamos qué nos íbamos a encontrar cuando llegáramos», indica Pepe.

Lourdes, Pepe y Ona iniciaron el camino de regreso a casa ese viernes 1 de noviembre. La estampa durante todo el camino era desoladora. «Todo estaba lleno de barro alrededor, algunas calles estaban cerradas y nosotros necesitábamos acceder al piso», explican ambos. La pareja decidió desplazarse a Càrcer, donde viven los padres de Pepe, para pasar los primeros días. «En l’Alcúdia no había luz ni agua, por lo que decidimos irnos», afirma. A los diez días, regresaron al municipio. «Volvimos cuando volvió el agua», explica.

Las primeras jornadas en la localidad no fueron fáciles. Los muebles llenaban las aceras, las calles todavía estaban repletas de barro y la tristeza sólo se desvanecía al ver a Ona. «Al principio fue complicado. No podíamos ni pasear por las calles ni utilizar el ascensor. La suerte que tuvimos es que l’Alcúdia se recuperó mucho más pronto que otras localidades. Mucha gente lo pasó realmente mal», reivindica.

Ambos se sienten afortunados por haber estado en el hospital el día de la catástrofe. «Si nos pilla aquí, hubiésemos pasado mucho miedo porque nos mostraron vídeos de cómo pasaba el agua y era aterrador. No quiero pensar qué hubiera pasado si estuviéramos aquí», lamenta el padre de Ona. La pequeña observa con atención a sus padres mientras hablan. Con sólo un año de vida es consciente de que hablan de ella. Sin saberlo, su historia ahora es la historia de muchos valencianos que aquel 29 de octubre también volvieron a nacer.

Lourdes todavía recuerda con emoción el primer encuentro entre Ona y su familia tras la catástrofe. «Los veías cansados y yo me sentía fatal. Mi hermana no quería que fuera», explica. Y, por fin, llegó el momento de reencontrarse. Los padres de la pequeña decidieron acudir a casa de los abuelos maternos. «Mi hermana estaba en su casa. Llamé para decirle que iba a casa de mis padres. Vino corriendo, estaba llena de barro, pero muy contenta», recuerda.

Aquel reencuentro iba a marcar un antes y un después. La visita de Ona, sin saberlo, era el inicio de la reconstrucción, tanto familiar como del municipio. Cada paso de la pequeña representaba un paso más en el largo camino hacia la recuperación. «Ona fue un impulso para mi hermana y para mi madre, que son las personas que peor lo han pasado en la familia. Han visto como su pueblo se llenaba de barro en pocos minutos, por lo que la pequeña es la alegría que les da ese empujón cada día», reconoce Lourdes. Añade: «Ha sido un año lleno de aprendizajes. Estamos destrozados al no poder dormir, pero sonríe y cambia todo».

El 29 de octubre supuso un antes y un después para la sociedad valenciana. Mientras el barro y el agua inundaban decenas de localidades, Ona llegaba como una ola de esperanza. «Siempre pensamos que para nosotros es el día más feliz e inolvidable, pero para otros es el más triste de sus vidas. Su cumpleaños será recordado como una fecha muy señalada por la riada», reconoce Pepe. Ellos quieren que la pequeña también sea consciente de todo lo que sucedió durante aquellas horas. «Cada año se lo recordaremos porque queremos mostrarle esa parte de la historia», afirma.

Ona se ha convertido en un símbolo de la dana, ya que nació el día más trágico de la historia reciente valenciana. Por ello, Levante-EMV le otorgó en esta edición de los premios de la cabecera el Reconocimiento Extraordinario. Ella es la primera pieza de la reconstrucción, tanto material como emocional, y un rayo de esperanza para todos los vecinos y vecinas que buscan resurgir de la catástrofe.

Fuente