José Luis Sarrió, simplemente el doctor Sarrió o el “metge” recibe un honor a su forma de trabajo y de implicación durante sus largos años de profesión. Pero todo ello ya le viene de serie y no lo ha tenido que añadir a una labor que se supone debe estar llena de empatía, porque a él le sobra y los vecinos y pacientes son unánimes en afirmarlo. Así que recogerá su premio entre aplausos aunque para él la mayor satisfacción ha sido la de preocuparse por los demás de forma llana y sin necesidad de reconocimientos.
Sarrió llegó de joven a Benidorm, nació en 1936 en Beneixama y en 1958 ya estaba ayudando a su padre en la consulta que éste tenía en la ciudad. Dos años después se licenciaba en la especialidad de Traumatología en la Universidad de Cádiz, ciudad muy querida por él. Y en Benidorm establece su consulta y su vida hasta su jubilación.
En estos momentos el necesario acceso para formularle preguntas sobre su sentido de la medicina, de la actualidad y del pasado, resulta complicado por teléfono, ya que está en Valencia con una de sus hijas. Así que las dos hacen de intermediarias de esta entrevista y perfil de un hombre que no ha pasado desapercibido en la pequeña cotidianidad de la localidad.
Más de 100 cartillas
A pesar del antecedente paterno Sarrió no se vio obligado a seguir la tradición familiar, al revés, la eligió libremente y seguro que fue aderezada por esa satisfacción que siempre le ha producido “ayudar costase lo que costara y, sobre todo, tenderles mi mano a los pacientes”.
Para él los años 60, 70 u 80 eran “fáciles” aún cuando pasaba largas horas en la consulta con cartillas que rebasaban los 100 pacientes, “Creo que los médicos de hoy se quejan bastante y eso que no tenían las condiciones que teníamos nosotros en aquella época”, remata.
Quiere que se le recuerde por haber sido “caritativo” y en verdad algo relacionado con esa cualidad es lo que ha llevado al Consejo Vecinal a elegirle «Vecino Ejemplar 2025». Sus hijas Fanny y Aurora, también destacan esas cualidades de bondad y felicidad, algo que suele transmitir continuamente su mirada y que captan muy bien las imágenes fotográficas.
Cuando venían extranjeros a la consulta les cobrábamos 10 céntimos y con esa recaudacion nos íbamos todos a tomar algo
Esos atributos no le quitan para ser divertido y socarrón y recordar algunas anécdotas de cuando en Benidorm sólo existía un ambulatorio. “Hacíamos una recolecta de broma y es que cada vez que venía un extranjero le cobrábamos 10 céntimos por consulta y con lo que sacábamos nos íbamos todos a tomar algo al final del día”, recuerda.
El “metge” elegiría otra vez ser médico si volviera a nacer y pide a los profesionales de hoy que sigan prestando ayuda a todo el que lo necesita.
A sus 91 años sigue cultivando una de sus pasiones, la colombicultura. Aparece con una pareja de camachuelos en una de las fotos que nos facilita su hija Aurora en la que se le ve plenamente feliz, sin imposturas ni tristeza.
Así dice que ha sido su vida, excepto cuando enfermó de gravedad su mujer Mari Carmen y cuya partida supuso un duro golpe, pero “así y todo mi vida ha sido muy dichosa”.
Una bonita foto del médico que sigue con su afición por la colombicultura. / INFORMACIÓN
Y esa alegría procede de compartir, también fuera de los recetarios y medicamentos, con agrupaciones de carácter social y benéfico como en el Club de los Leones del que llegó a ser presidente a principios de los años 90. Más tarde también entró a formar parte de Cáritas, una labor social y humanitaria para su currículum de ciudadano ejemplar.
Pero no es sólo la selección de un Consejo, quizás un poco restrictiva para el resto de benidormenses que se dedican a solidarizarse con los demás. No, el doctor Sarrió despierta unanimidad entre los conocidos y no allegados: “médico cercano”, “gran profesional”, “trato familiar”, bon home”, son algunas de las lisonjas.
Receta
Su hija pequeña, Aurora, recuerda que “si algo he visto en casa desde que era niña, es la pasión, la empatía y la generosidad; la medicina y la gente de Benidorm han sido el día a día de su vida”. Aunque esa proclama tiene un pero y es que ese altruismo “me impidiera disfrutar de él tan a menudo como me hubiera gustado, pues casi no le veíamos”. Su hermana Fanny puede compartir estos días su trabajo diario con el disfrute de la presencia paterna en Valencia.

El «metge» con sus hijas Aurora y Fanny durante las fiestas de Benidorm. / INFORMACIÓN
El colofón a esta labor médica puede ser una receta de un médico estudioso e intuitivo, racional y empático pero también con sorna y verdad. “El mejor medicamento es el aguantoformo”, porque lo ideal e hipotético sería no tomar nada, sino estar satisfecho por lo que das a los demás.
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