"Lo revolucionario de verdad es no convertirse en un hijo de puta". Me lo soltó Quique González, conversando sobre su nuevo disco, "1973". Como en varias de sus canciones habla de amor, amistad, lealtad, dignidad… yo le comenté que, aplicando todo eso, más el respeto, el cariño o el humor, parecería que lo de convivir no tiene que resultar tan complicado. Pero él lo resumió de forma más contundente. Y acertada. Porque esa frase creo que define las coordenadas para moverse en un mundo del que tratan de apoderarse los matones de la clase.
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