¿Quién no recuerda esa tiendecita de barrio donde ibas con tu madre a comprar material escolar, regalos o simplemente a curiosear entre estanterías llenas de historia? Pues cada vez quedan menos. En los últimos cinco años, más de 50.000 comercios físicos han cerrado en España. Solo en el primer trimestre de 2020, casi 21.000 negocios echaron el cierre para siempre, ahogados por la pandemia, el cambio de hábitos… y el auge imparable del comercio online.
Y es que el dato habla por sí solo: hoy en día, el 57% de los españoles compra por Internet. Entre 2019 y 2024, las ventas online crecieron un 95%. La comodidad de recibirlo todo en casa en un clic, las ofertas agresivas y la velocidad de los envíos han puesto contra las cuerdas a esas tiendas de toda la vida que durante décadas fueron el alma de nuestros barrios.
Pero no todo está perdido.
Reinventarse o cerrar: el ejemplo de un comercio con casi un siglo de historia
Mayalen Larrinaga ha estado con una de esas familias que se resisten a desaparecer. En su tienda, que lleva abierta más de 95 años, han vivido guerras, crisis económicas, pandemias… y ahora el reto más complicado: sobrevivir a Amazon y compañía.
¿Cómo lo hacen? Adaptándose. Han creado su propia página web, venden a través de redes sociales y han convertido su escaparate físico en uno digital. Porque si el cliente ya no pasa por delante de tu tienda… toca llevar la tienda hasta sus ojos.
“Seguimos con la misma ilusión”, dicen los dueños, que mantienen a toda la plantilla mientras el vecindario sigue apoyando. Pero también son conscientes de que no todos corren la misma suerte: cada día más comercios bajan la persiana, y con ellos se va un trocito de la historia de nuestras ciudades.
Comprar en la tienda de tu barrio también es un acto de amor
Detrás de cada cierre hay familias, sueños truncados y generaciones que han vivido entre mostradores y clientes fieles. Por eso, ahora más que nunca, muchos defienden que apostar por el pequeño comercio es cuidar el alma de nuestros barrios.
Y aunque internet ha llegado para quedarse, quizá haya espacio para ambos mundos. Porque no todo se puede meter en una caja de cartón con envío urgente.













