Los relojes y los calendarios

Una estación no es más que un espacio con un reloj.

Clemente Lomba (Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Santander)

Cada vez que tomo el tren en subterráneo de Llamaquique –negociado del Ministerio de Transportes– recuerdo esa frase escuchada en una clase de análisis de formas. Ya no hay sólo un reloj sino varios, analógicos y digitales, pero si bien se confiaba en la exactitud kantiana del artilugio cuando había uno, ahora con más es cosa distinta. El aparato bifronte de un andén hace años se paró cuando iban a ser las once. El del otro lado de las vías padece esquizofrenia: la cara que da al norte marca correctamente la hora; la que se ve al llegar desde el sur tiene la aguja del minutero loca y arrastra a la otra manecilla de manera atropellada.

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