El megaveranazo de las superhipérboles

Lean, si les place, despacito: "Un colosal atasco por las obras de los enormes túneles causó descomunales estragos con gigantescas retenciones de hasta diez minutos. Uno de los muy angustiados automovilistas en la dantesca cola declaró: ‘Esto es tremebundo e inenarrable’". Y después, a seguir rellenando páginas sensacionalistas. Los lectores nos hemos tragado en solo un parrafito los adjetivos que siguen: colosal (o sea, de dimensiones extraordinarias); enormes (o sea, mucho más grandes de lo normal); descomunales (o sea, extraordinarias, monstruosas, muy distantes de lo común en su línea); gigantescas (o sea, excesivas, muy sobresalientes también en su línea); angustiado (o sea, con temor opresivo); dantesca (o sea, que causa espanto); tremebundo (o sea, espantable, horrendo, que hace temblar) e inenarrable (o sea, que no se puede explicar con palabras)… y el sustantivo estragos (o sea, ruinas, daños, asolamientos). Y todo ello para describir un embotellamiento de diez minutitos, de un ratito que en un suspiro pasa, vaya.

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