Menos de un kilómetro separa los dos tramos de la antigua muralla que rodeaba Zaragoza y que hoy en día siguen en pie. Poco más de 900 metros en los que se condensa la historia de una ciudad, la capital aragonesa, con 2.000 años de historia. Recientemente, desde la Fundación Viento del Norte han propuesto la creación de un «corredor histórico» que permita contemplar en un solo paseo los principales atractivos, que son muchos, del que es el cogollo central de la ciudad, delimitado por el Coso, alto y bajo, Echegaray y Caballero y la avenida César Augusto. Sin embargo, dentro de lo que fue la Caesaraugusta romana también hay rincones algo impropios para tratarse del Casco Histórico de una ciudad que todavía debe aprender a cuidarse a sí misma.
Pongamos que el paseo empezase en la plaza de La Magdalena, donde recientemente se encontraron restos de la que se conocía como puerta de Valencia, de la que solo queda constancia en un mural. Allí, cuando se reformó recientemente el pavimento de la plaza se marcó en el suelo el perímetro que recorrían los muros antaño. Pero apenas se percibe nada.
Allí también, hasta hace no tantas décadas, se levantaba la sede de la Universidad de Zaragoza, que ocupaba un edificio precioso que sufrió importantes daños durante la guerra de Independencia y que acabó siendo víctima de la piqueta a mediados del siglo pasado. A cambio, se construyó el IES Pedro de Luna, un ejemplo de fealdad pese al empeño y el arte de los participantes del festival Asalto.
La ruta por el perímetro de las murallas, no obstante, mejora y mucho cuando se llega, precisamente, a las murallas del Coso con Tenerías. Este tramo, quizá menos popular y desde luego menos fotografiado que el que está junto al Mercado Central, resulta sin embargo más espectacular por su altura y por la integración en la estructura de viviendas y del convento de las Canonesas.
Local vacío lleno de pintadas en la zona. / S. E.
Lo que desluce este entorno es quizá la gran cantidad de coches que pasan justo por el borde de la muralla. Las aceras apenas dan para poder contemplar de lejos este conjunto patrimonial. En su momento hubo un proyecto para peatonalizar esta zona con el objetivo precisamente de dotar de más protagonismo a las murallas. Pero nunca más se supo.
Desde el tramo amurallado del Coso hasta el Torreón de la Zuda hay un paseo de 15 minutos por la ribera, por donde antes también transitaba el muro que defendía la ciudad. Hoy, sin embargo, hay rincones deslucidos, llenos de pintadas, basura y con edificios de viviendas más propios de Zaragoza la fea que de Zaragoza la Harta, como se conoció un día a la capital aragonesa por la belleza de sus calles y la riqueza de su patrimonio arquitectónico. Cuánto daño hizo el siglo XX.













