Cuentan los japoneses que todo el mundo tiene un ‘Ikigai’, una razón de ser, la fuente del valor de la vida o las cosas que hacen que la existencia valga la pena. Una palabra que también se utiliza para referirse a las circunstancias mentales y espirituales en las que las personas sienten que sus vidas son valiosas. Para María Pérez su ‘ikigai’ es la marcha y en Tokio tocó el cielo con su título mundial en los 35 kilómetros. Era la prueba inaugural y la granadina dio una exhibición descomunal sacando más de tres minutos a la segunda clasificada y campeona olímpica en Tokio 2020, Antonella Palmisano.
María Pérez y Antonella Palmisano, rivales y amigas celebraron juntas su dominio en los 35 km marcha del Mundial de Tokio 2025
Y lo celebró con emoción mientras daba la vuelta final a la pista del Estadio Nacional, sin poder contener el llanto, saboreando cada segundo de un momento mágico. Se elevó al mundo flotante del Ukiyo, una celebración de lo efímero, de lo sensorial, de la vida simple y placentera. Vivir el momento alejada de las preocupaciones de la vida como el mundo efímero, fugaz o transitorio de la poesía haiku. Ese era el gran objetivo que se había fijado su entrenador Jacinto Garzón para esta temporada, que María fuera feliz compitiendo porque lo difícil no es llegar, sino mantenerse. Acumula tres años de mucho desgaste físico y emocional para ser la dominadora absoluta de la marcha, la atleta española más laureada de la historia con tres oros mundiales y dos medallas olímpicas -oro y plata-. Y todavía le queda otra oportunidad para seguir engrosando su palmarés descomunal el sábado en los 20 kilómetros.
“Solo me faltaba un éxito entrando en un estadio olímpico”, dijo una María Pérez visiblemente emocionada después de colgarse el oro. “He sabido adaptarme a las circunstancias y a la presión de tener a Kimberly, Torres, Peng y Antonella al lado. Sabía que era la persona a seguir, así que intenté trabajar en el mejor escenario posible”, aseguró.
España domina como nadie una especialidad agónica como la marcha gracias a pioneros como Moisès Llopart, que empezó a entrenar a su hijo Jordi y a Josep Marín en la Seda del Prat de Llobregat ayudado de una cámara Súper-8 para grabar la técnica y buscar la mejor eficiencia en cada paso. El recordado Jordi Llopart derribó el muro en los Juegos de Moscú 1980 con una plata que abrió el camino para que otros creyeran que era posible, como Valentí Massana, Marín, Dani Plaza o Chuso García Bragado. Además, hace dos años -en Budapest- por primera vez en la historia un único país -España- se llevó todos los oros de la marcha en un Mundial con las cuatro preseas de María y Álvaro.










