Catorce horas de locura. Es el tiempo que ha durado el atrincheramiento de Pedro Fernández Fernández (1964) con una rehén y con dos armas con las que amenazaba de muerte a la mujer, a cuya pareja había matado este vecino de Prado Negro: una pedanía de Huétor Santillán (Granada). La tragedia no ha sido mayor gracias a la labor negociadora de la Guardia Civil que ha logrado convencer a Pedro, para que se entregue a las 4.45 horas de la madrugada de este jueves.
EL ESPAÑOL ha podido saber por fuentes de la Guardia Civil que Pedro antaño «regentaba un club de alterne», situado a la altura de Guadix, y utilizó «un arma corta» para descerrajar dos disparos a su vecino: Juan Vargas. A continuación, tomó como rehén a la pareja del fallecido.
A las tres de la tarde de este miércoles, el miedo se apoderó de Prado Negro, una pedanía granadina de Huetor Santillán con apenas medio centenar de vecinos. Pedro, de 61 años, esperaba dentro de su coche para usarlo como ariete para embestir el vehículo en el que viajaban sus víctimas.
Tras el siniestro, este empresario sexagenario que «es cazador», según apuntan las citadas fuentes del Instituto Armado, se bajó de su coche para descerrajar «dos disparos» a la pareja de la mujer con la que mantenía desavenencias. Juan, un pobre jubilado, muerte dentro de su coche casi en el acto.
El siniestro vial movilizó a los bomberos, pero cuando llegó el retén se destapó que no había sido una colisión de tráfico fortuita, sino algo supuestamente premeditado. «Al acercarse los bomberos para atender al accidente ha disparado dos tiros al aire«. «El fallecio seguía dentro del vehículo porque Pedro amenazaba con cargarse a quien se acercara».
Paralelamente, la centralita del Teléfono Único de Emergencias recibe una llamada que desata todas las alarmas en la Guardia Civil. «La pareja de la víctima mortal llama al 112 diciendo que su vecino ha matado a su marido«. Y ella se ha convertido en su rehén, de forma que se moviliza de urgencia a los negociadores y agentes de la Unidad Especial de Intervención (UEI).
Tres miembros de la Unidad Especial de Intervención de la Guardia Civil, en una imagen de archivo, durante una visita del Rey Felipe VI.
El riesgo vital es máximo para la pareja sentimental del difunto Juan porque Pedro se atrinchera en la vivienda con dos armas de fuego que sabe maneja con destreza: «Es cazador, tiene una escopeta y una pistola». Mientras se desarrolla la negociación con el secuestrador, a contrarreloj, se inicia una investigación paralela para conocer los motivos por los que «el antiguo dueño de un puticlub» ha decidido embestir con su coche a esta pareja de Prado Negro y abrir fuego.
Este diario ha podido saber que estas son las tres teorías con las que ha estado trabajando toda la noche la Guardia Civil. La primera: problemas mentales. «Parece que no estaba muy centrado». La segunda: “problemas vecinales” o «rencillas» con la pareja. La tercera hipótesis: «un tema de celos porque los dos varones mantengan una relación con la mujer o la hayan tenido en el pasado».
Pedro se mantiene en sus trece, atrincherado en la vivienda, reteniendo por la fuerza a la mujer, y profiriendo amenazar de muerte. «Los negociadores intentaron que se entregase sin hacerle daño a ella». Pero a las 21.50 horas, a la vista de que las negociaciones no prosperan, desde el Instituto Armado se moviliza a un equipo de Madrid para entrar a la vivienda a rescatar a la rehén.
«Las posibilidades estaban agotadas y se dio orden de entrar para abatir al secuestrador porque amenazaba con matar a la mujer», tal y como explican fuentes conocedoras del operativo especial. La tensión era máxima en esta pedanía de la Comarca de la Vega de Granada, cuya habitual tranquilidad se vio rota por la llegada de cincuenta agentes de unidades especiales de la Guardia Civil para llevar a cabo un rescate de película.
Disputas familiares
Todo el perímetro de la vivienda está rodeado a las 23.34 horas de este miércoles. Pedro sabe que no tiene escapatoria y en la zona se amontonan curiosos, así como familiares de los tres implicados. A las dos de la madrugada, los allegados protagonizan discusiones entre ellos, incluso con la Guardia Civil y con la expedición de periodistas que cubre el secuestro.
Pasados cinco minutos de la medianoche del jueves, el jefe del operativo declina entrar en el inmueble. «No se puede entrar por miedo a que le haga algo a la mujer que tiene retenida«. Prueba de ello es que el dispositivo incluye personal sanitario y una ambulancia, por lo que pudiera pasar. Durante la madrugada se teme lo peor, se masca la tragedia al cuadrado
Pero el equipo de negociadores, especializados en operaciones de alto riesgo, como los secuestros, no tiraron la toalla en ningún momento, con cautela, mano izquierda y empatía, lograron hacer entrar en razón a Pedro que depuso las armas a las 4.45 horas. Prado Negro vuelve a respirar con tranquilidad.













