El Spotify Camp Nou sigue continúa sin ser apto para albergar partidos / SPORT / SPO
Hace unos años, en Cadaqués, había un mecánico que cuando le llevabas la moto a arreglar te daba, como lo hacen todos, una fecha para irla a buscar reparada: una vez llegado ese día te soltaba su frase celebre «pásate mañana». Y así iban transcurriendo las semanas hasta que te olvidabas de la moto.
La necesaria renovación del Camp Nou y su fecha de entrega (por fascículos) se están convirtiendo en mito y me despiertan a la memoria esos cambios de neumáticos y bujías que me apartaban de mi tan querida scoopy durante una eternidad. Desde un inicio estaba claro que la promesa de volver en noviembre del año pasado –hace diez meses, más de trescientos días– motivo junto con su coste por el que se eligió a Limak, era un chiste de mal gusto; llamabas a ingenieros y expertos en obras preguntándoles si era cierto que estaríamos de vuelta para entonces y se ponían a reír a carcajadas detrás del teléfono.
Uno no osaba a decirlo en voz alta por temor a que ciertos palmeros te saltasen a la yugular con la matraca de buen o mal culé, como si lo que uno escribiese o dijese tuviese la relevancia o el poder para modificar la fecha. Se nos dijo que salvo hecatombe celebraríamos el 125 aniversario en nuestro templo, pero la única tragedia que hubo, aparte de la mentira que es pecado capital, fue la de pensar que una obra de tal calibre cumpliría con los tempos establecidos en un contrato.
Imaginar que la remodelación del campo de fútbol más grande el mundo no tendría retrasos cuando reparar una cocina de contados metros cuadrados los sufre, es de ingenuo. Pero lo del Camp Nou, nuestro particular castillo de Kafka, tiene más que ver con la necesidad que con la ingenuidad. Por esto se han ido tirando fechas por aquí y por allá, pensando que con el engaño calmarían a quien pide urgentemente la vuelta (que no es el socio sino Goldman Sachs).
Es como prometer que sales de casa cuando ni has entrado en la ducha, creyendo que así cambiarás el destino o el enfado de quien te espera. Pero al final la realidad es arrolladora. Nos dijeron noviembre, luego diciembre, un poco más tarde febrero, mayo, y para rematarlo, con un video épico, en agosto para el Gamper.
Pero quien decide anunciar estas fechas, sabía muy bien que el regreso prometido era puro ilusionismo, como lo ha sido la esperanza vendida de poder volver contra el Valencia. Estamos todos de acuerdo, también muchos de los que dirigen el club, que lo más inteligente y lógico sería jugar en Montjuïc hasta febrero (no descarto que acabe ocurriendo esto) para poder avanzar con las obras sin marear la perdiz y así regresar al Camp Nou con los famosos 60.000 espectadores y con una fecha verídica.
Pero a veces lo más lógico no es lo mismo que lo que debes y puedes hacer, porque claro, cuando tu campo ya no es solo tuyo, sino también un poco de quien te deja la pasta para remodelarlo, tienes que cumplir ciertos tratos y tempos atado de manos y pies. Lo que debería hacer el club, sin temor a nada, es dejarse de mentiras y explicar la realidad del asunto; el socio, el espectador y el aficionado entenderá y aceptará de más buen gusto saber que no todo es tan maravilloso como nos han vendido, en lugar de soportar otro engaño más.
Este es el precio a pagar si se quiere tener el mejor estadio del mundo. En caso de seguir así, me temo que ocurrirá lo mismo que con mi mecánico; que uno, al final, se acaba cansando de la mentira y del “pásate mañana”.










