Los mitos sagrados son narrativas simbólicas que contienen una sabiduría que se pierde cuando se los convierte en dogma y se apropian para intereses particulares, ya sea de alguna iglesia, estado o negocio. Esa apropiación siempre implica una estrategia de control social y de apropiación de lo público para intereses privados.
Eso acaba de ocurrir con el mito de la Mare de Déu de la Salut, un mito que contiene un ideal muy importante y transversal: la salud. El Ajuntament de Palma ha vendido un mito sagrado a una empresa promotora de macro festivales para seguir vendiendo divertimento tóxico con gran coste en el deterioro de la salud de las personas y de la sociedad. Esta fiesta recién inventada en nombre de la Patrona, es un sacrilegio a una sabiduría colectiva.
Las fiestas ritualizadas suelen ser polisémicas. Cumplen funciones de entretenimiento y creatividad, sirven para reforzar lazos sociales, expresar solidaridad, espiritualidad o marcar los cambios de ciclo o estación. Pueden ser una válvula de escape para las tensiones sociales y el malestar; constituir una fuente de ingresos, y también pueden ser usadas políticamente por distintos actores, pero nunca deberían desmarcarse de los principios de Salud Pública ni dejar de ser fruto de una verdadera participación ciudadana.
Las fiestas están cargadas de significados diversos, pero además tienen en común el hecho de inscribirse en un lugar determinado. Llama la atención que, en esta ocasión, las fiestas de la Mare de Déu de la Salut sirvan de pretexto para organizar, entre otros actos, un macro festival en una zona especialmente castigada por el ruido y la gentrificación urbana como es sa Feixina, al lado del Barrio de Santa Catalina i Es Jonquet.
Es de sobra conocido que los vecinos del barrio representados por la associació Barri Cívic, llevamos años denunciando públicamente el sufrimiento y el deterioro de la salud a causa del ruido excesivo y de las consecuencias de un ocio nocturno cargado de alcohol y de indiferencia por el cuidado del entorno y de sus habitantes. Aun así, es la propia administración quien nos regala de nuevo un evento que promueve el consumo de alcohol, el ruido y el incivismo. Un regalo envenenado, un modelo de fiesta que no solo atenta contra un barrio, también contra toda la ciudad, promocionando un modelo de ocio no regulado y cargado de consumos dañinos.
Cuando, por otro lado, el propio Govern de les Illes Balears, defiende principios y políticas de prevención en el ocio contrarias a este modelo de fiesta, incluidas en el Plan Integran de las Adicciones y en los acuerdos de la Plataforma por un Ocio de Calidad (POQIB).
Por lo tanto, la indignación es doble al ser el propio consistorio, y sin consulta previa a los vecinos, el que promueva una fiesta de estas características en un lugar especialmente sensible. Y, por otro lado, que sirva de apoyo la devoción mariana de la Mare de Déu de la Salut a la que tal vez ya no acudan los devotos palmesanos a pedirle algún milagro, ironías de la celebración.









