Perder en el Santiago Bernabéu entra dentro del guión previsible para la mayoría de equipos de LaLiga. Pero no todas las derrotas son iguales. El Mallorca de Jagoba Arrasate cayó ante el Real Madrid, sí, pero lo hizo dejando una imagen que invita al optimismo. No hubo puntos, pero sí señales claras de que el equipo balear está en el camino correcto.
El conjunto blanco, dirigido por Xabi Alonso, salió con la intensidad esperada y encerró al Mallorca en su campo desde el primer minuto. El gol anulado a Mbappé en el 6’ pudo haber sido un mazazo, pero los rojillos resistieron el golpe y comenzaron a asentarse. Con un 5-3-2 bien trabajado, el equipo se sintió cómodo en el repliegue y aprovechó sus momentos para golpear.
El premio llegó con el tanto de Muriqi, que silenció el estadio y encendió la ilusión visitante. Durante buena parte del primer tiempo, el Mallorca mostró personalidad con el balón. Pablo Torre y, sobre todo, Sergi Darder ofrecieron una lección de control y pausa en la medular, alejando cualquier atisbo de precipitación.
Sin embargo, el partido se torció en apenas un minuto. Dos pérdidas en zonas comprometidas derivaron en dos transiciones letales del Madrid, que no perdonó. Dos goles que cambiaron el guión y castigaron con dureza errores que, ante un rival de esta talla, se pagan caros.
Pese al golpe, el Mallorca no se descompuso. En la segunda mitad mantuvo el pulso y rozó el empate en dos ocasiones claras, frustradas por los despejes salvadores de Trent y Carreras. El marcador no se movió más, pero la sensación fue la de un equipo que compitió de tú a tú y que mereció más. Tras el parón internacional, el reto será consolidar esta versión valiente y madura. Los brotes verdes están ahí. Ahora toca regarlos con puntos.
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