su picadura es más peligrosa que la de la medusa

El verano ha traído consigo una nueva sorpresa para los bañistas en varias playas españolas: la inesperada aparición del dragón azul, un pequeño y espectacular gasterópodo, conocido por su color llamativo y su capacidad de acumular toxinas. Este animal marino, casi desconocido hasta ahora en nuestras costas, ha suscitado interés y preocupación por los posibles riesgos para la salud, además de interrogantes sobre los efectos del cambio climático en los ecosistemas acuáticos.

Cristina López Schlichting ha entrevistado en Fin de Semana a Elisa Martínez, bióloga marina, para conocer el peligro real de este tipo de molusco con aspecto de dragón, que ya ha obligado al cierre de algunas playas de nuestro país.

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Imagen archivo de una playa de Málaga

El cambio climático: principal culpable

La aparición del dragón azul en la costa mediterránea, no es fruto de la casualidad, es el resultado de varios factores climáticos y oceanográficos que han coincidido este verano. Normalmente, esta especie vive en mar abierto y es poco habitual en las playas españolas, pero el arrastre por corrientes marinas y el viento, junto al aumento de las temperaturas y la presencia de medusas cerca de la costa, han favorecido su llegada.

Así lo explica Elisa: “Este dragón azul vive en mar abierto, en todos los océanos del mundo. Su llegada a las playas podría deberse a varios factores como corrientes marinas y viento que lo han arrastrado hacia la costa”.

Un hombre sostiene un ejemplar de dragón azul

AYUNTAMIENTO CANET D’EN BERENGUER

Un hombre sostiene un ejemplar de dragón azul

La picadura de este animal es más peligrosa que la de la medusa

La curiosa morfología del dragón azul, con su cuerpo alargado, protuberancias laterales y su vivo color azul, llama la atención de científicos y bañistas. Aunque su tamaño es reducido, su peligrosidad radica en las toxinas que acumula tras alimentarse de medusas, y puede llegar a infligir picaduras más potentes que las propias medusas

Si lo tocamos, nos dispararía estas toxinas y nos picaría como una medusa, pero su picadura puede ser un poco más potente incluso que si te picara una medusa”. Además, advierte que las reacciones pueden ir desde escozor y dolor, hasta síntomas más graves, dependiendo de la sensibilidad de la persona.

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