El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acumula más de 24 horas de silencio tras el ataque ruso contra Kyiv del jueves, el más violento desde que se reunió con Vladímir Putin en Alaska hace apenas dos semanas. La ciudad se defendió de una lluvia de más de 600 misiles y drones, y perdió al menos 23 ciudadanos, entre ellos tres niños y un adolescente.
La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, se limitó a señalar que su jefe «no estaba contento, pero tampoco sorprendido», y responsabilizó por igual a Rusia y Ucrania. «Son dos países que han estado en guerra durante mucho tiempo», dijo, sugiriendo que los recientes golpes ucranianos contra refinerías rusas explican en parte la represalia de Moscú.
Trump sí se ha expresado esta semana, pero no sobre los bombardeos. En la cadena Fox News. Para comentar su sintonía con el ruso: «Mantengo una relación muy buena con Putin. Lo visteis cuando bajó de su avión y yo del mío: había calidez, una sintonía que no se puede fingir. Es una sensación de respeto mutuo».
La reacción norteamericana a su fracaso diplomático contrasta con la urgencia europea. El presidente de Finlandia, Alex Stubb, recordó el jueves que «Rusia no tiene intención alguna de acabar esta guerra». El francés Emmanuel Macron calificó los bombardeos como «terror y barbarie» y concluyó que ese es el verdadero concepto de paz de Putin. El primer ministro británico, Keir Starmer, fue al grano: «Putin está matando niños y civiles, y saboteando las esperanzas de paz».
Las capitales europeas intentan influir sobre Trump para salvar vidas y evitar la victoria rusa. La Casa Blanca, sin embargo, se ha limitado a aplicar nuevos aranceles a India por sus compras de crudo ruso. Es decir: aplaza aumentar la presión sobre Moscú como reclaman la mayoría de congresistas y senadores.
Este viernes, el presidente francés y el canciller alemán, Friedrich Merz, han tratado de meterle presión para que actúe de alguna manera. En Tolón, tras el Consejo de Ministros franco-alemán, anunciaron que exigirán sanciones contra Rusia si Putin no cumple con el compromiso de reunirse con Volodímir Zelenski. Es más: Macron ha afirmado que si de aquí al lunes no se concreta ese encuentro quedará demostrado que el mandamás ruso «una vez más le ha tomado el pelo a Trump».
Merz ha recordado que, tras la cumbre de Alaska, debía celebrarse en dos semanas una reunión entre Putin y Zelenski. Pero, ha continuado, «parece evidente que no habrá tal encuentro». Sostiene que el Kremlin de impone condiciones «inaceptables» que bloquean cualquier posibilidad de diálogo. «No me sorprende», ha reconocido, «porque forma parte de la estrategia del presidente ruso».
Ambos mandatarios han concretado que este fin de semana hablarán con la Casa Blanca sobre sanciones «primarias y secundarias» para forzar al Kremlin a negociar un acuerdo de paz. «Tal vez esta guerra dure todavía meses —admitió Merz—, pero no se va a abandonar a Ucrania».
Macron ha añadido que en los próximos días se reunirá la Coalición de Voluntarios, un grupo de 30 países aliados de Ucrania, para coordinar sus compromisos de seguridad. «La primera garantía es un ejército ucraniano fuerte, al que hay que formar y armar», ha reiterado. También se prevén fuerzas de paz de la coalición en suelo ucraniano tras un eventual acuerdo de paz, además de unidades de apoyo desplegadas en países vecinos para disuadir futuros ataques de Moscú.
Mientras tanto, en Nueva York, la mano derecha de Zelenski, Andriy Yermak, se ha reunido con el empresario y enviado especial estadounidense, Steve Witkoff, para pedir más implicación de Washington. «Le he explicado los crímenes de guerra que Rusia comete a diario contra nuestras ciudades», ha publicado Yermak, reiterando que Ucrania está abierta a negociaciones directas siempre que los rusos accedan a un alto el fuego creíble. «La clave es reforzar la diplomacia y aplicar lo pactado en Washington».
En Europa también llegan propuestas para golpear la economía rusa. La activista ucraniana Olena Halushka critica que Bruselas proteja mejor los más de 200.000 millones de euros rusos congelados en sus cuentas que a los civiles ucranianos expuestos a las bombas. «En lugar de discutir qué hacer después de la guerra», señala, «los líderes europeos deben preguntarse qué pueden hacer ahora para ayudar a Ucrania a ganarla».