Estos días he disfrutado de la comarca del Matarranya, en Teruel, un territorio de la llamada España vaciada. Sin embargo, lo que he visto dista de la imagen tópica de abandono y resignación: se trata de un espacio vivo y dinámico, que ha sabido poner en valor los recursos locales con una mirada inteligente y respetuosa.
Mi percepción es que la gente de Matarranya está comprometida con su territorio, ha sabido apostar por un modelo que combina la conservación de sus paisajes naturales, la autenticidad de sus cascos históricos y el mantenimiento de actividades tradicionales como la agricultura y la ganadería. Frente al declive, he observado un esfuerzo colectivo por revertir tendencias, reforzar la identidad local y proyectar un futuro basado en la preservación del entorno.
El turismo se ha convertido en un motor fundamental. Pero la clave está en su gestión. El desafío es grande: por cada diez viviendas de alquiler vacacional, solo una se destina a residencia habitual. Este desequilibrio tiene consecuencias directas sobre el arraigo de la población joven y la posibilidad de consolidar proyectos de vida en la comarca. Sin vivienda asequible, es difícil garantizar los servicios públicos básicos, desde la sanidad hasta la educación, lo que alimenta el riesgo de despoblación que precisamente se trata de combatir.
La experiencia de Matarranya muestra que otro camino sí que es posible: apostar por la calidad y una gestión más responsable frente a un consumo indiscriminado del territorio. El reto está en conciliar la oportunidad económica que ofrece el turismo con el derecho a la vivienda y con la necesidad de mantener la vida cotidiana de los pueblos.
Lo que de verdad marca la diferencia en Matarranya es la gente. Son ellos quienes han sabido darle la vuelta a las dificultades y sacar adelante proyectos que mantienen viva la comarca. Esa misma actitud la vemos en las comarcas del interior de Castellón, que comparten retos parecidos. Ese esfuerzo merece nuestro apoyo colectivo, porque al final son las personas quienes convierten un territorio en un lugar habitable y con futuro.
Economista