Gigantescas zanjas, conocidas como cárcavas, avanzan de manera implacable, tragándose casas, calles y el futuro de comunidades enteras del sur global, en un desastre lento y silencioso que apenas ahora empezamos a comprender.
Un nuevo peligro geológico está reconfigurando el paisaje de muchas ciudades en el sur global, especialmente en África. Se trata de la erosión por cárcavas, un fenómeno que abre gigantescas zanjas en la tierra, engullendo hogares e infraestructuras y forzando el desplazamiento de miles de personas. Aunque la formación de cárcavas es un proceso conocido en entornos agrícolas, su aparición acelerada en áreas urbanas tropicales representa una amenaza subestimada y poco investigada hasta la fecha.
Un nuevo estudio publicado en la revista Nature ha arrojado luz sobre la magnitud de este problema, centrándose en la República Democrática del Congo (RDC), uno de los países más gravemente afectados. La investigación revela que este tipo de erosión no es un desastre natural inevitable, sino el resultado de una peligrosa combinación de factores naturales y humanos.
El proceso se desencadena en ciudades que experimentan un rápido crecimiento sobre suelos arenosos y vulnerables, careciendo de sistemas de drenaje adecuados. Durante las lluvias intensas, el agua se acumula en tejados y calles. Al no poder infiltrarse en el suelo de manera controlada, el flujo de agua se concentra y busca salida a través de terrenos desprotegidos, excavando canales que pueden alcanzar cientos de metros de longitud y varios metros de profundidad. Con el tiempo, estas cárcavas se expanden, devorando todo a su paso, desde viviendas hasta negocios, y en ocasiones, causando la muerte de personas.
La devastadora escalada del fenómeno
Para comprender el alcance de la crisis, un equipo de investigadores analizó imágenes satelitales de la RDC tomadas entre 2021 y 2023. Identificaron un total de 2.922 cárcavas urbanas en 26 de las 47 ciudades estudiadas, sumando una longitud acumulada de casi 740 kilómetros. La dimensión promedio de una de estas zanjas es de 253 metros de largo y 31 metros en su punto más ancho.
El vínculo con la urbanización descontrolada es inequívoco. Al contrastar las imágenes actuales con fotografías aéreas históricas de la década de 1950, los científicos descubrieron que solo 46 de estas cárcavas existían entonces. Esta evidencia sugiere que el crecimiento urbano es el principal catalizador del problema. Las carreteras, a menudo sin pavimentar, actúan como grandes canales que concentran el agua de lluvia y la dirigen con una fuerza destructiva hacia el terreno, convirtiéndose en auténticos ríos temporales que desgarran la tierra.
Referencia
Mapping urban gullies in the Democratic Republic of the Congo. Guy Ilombe Mawe et al. Nature volume 644, pages 952–959 (2025).
El coste humano de un desastre silencioso
Más allá de las cifras, el impacto humano es catastrófico. El estudio estima que, solo en la República Democrática del Congo, un promedio de 118.600 personas fueron desplazadas anualmente por la expansión de las cárcavas entre 2004 y 2023, con tasas que se duplicaron a partir de 2020.
Los relatos de quienes viven al borde de estos abismos son desgarradores. Guy Ilombe Mawe, geomorfólogo y coautor del estudio, explica que las familias afectadas a menudo no tienen alternativas seguras a las que mudarse. En noviembre de 2019, durante una visita a Kinshasa, la capital del país, los investigadores conocieron a una madre cuya casa se encontraba al borde de una cárcava. Apenas dos días después, varios de sus hijos murieron trágicamente cuando la casa de un pariente, donde se habían refugiado, colapsó durante la noche debido a la expansión de una de estas zanjas. Esa noche, al menos 40 personas perdieron la vida en Kinshasa por la misma causa.
El estudio concluye señalando que la erosión por cárcavas en entornos urbanos se ha revelado como un «peligro geológico recién reconocido» que exige una acción inmediata y un mayor apoyo a la investigación científica para poder salvar y mejorar vidas.
Los autores estiman que cientos de miles de personas en toda África probablemente quedarán desplazadas en los próximos diez años, incluidas más de una cuarta parte de las aproximadamente 770.000 personas de la República Democrática del Congo que viven en la zona de expansión prevista de estos barrancos.