Se les perdió la pista hace cuatro meses y medio. José Patricio Chango Heredia, de 43 años, y su compañero, Edwin Guillermo Cambal Chicaiza, de 32, compartían casa (en la urbanización Camposol, en Mazarrón) y trabajo en la Región, mientras tenían a sus familias en su Ecuador natal. Se esfumaron el mismo día: un martes de abril, después del trabajo. Este viernes, la Guardia Civil inspeccionó la casa de Camposol en busca de indicios que puedan ayudar a esclarecer el caso y localizar a ambos amigos, confirmó el cuerpo a la agencia Europa Press.
Los especialistas de la Policía Judicial del Instituto Armado ya tomaron hace tiempo declaración a familiares y allegados de los dos desaparecidos. Igualmente, se revisaron tanto cámaras de seguridad como pozos. Nada. Las pesquisas llevaron a la Benemérita a estrechar el cerco sobre una vivienda en cuestión, la alquilada por los ecuatorianos, por lo que, orden judicial en mano, procedieron al registro de la misma. Y no era la primera vez.
Horas de registro
La casa en cuestión ya fue inspeccionada al principio de la investigación. Días después de la primera visita de la Guardia Civil, el dueño de la vivienda comunicó, según contarían después familiares de los desaparecidos, que había hallado cosas que no estaban cuando fueron los investigadores: por ejemplo, los pasaportes de ambos amigos.
Este viernes, los profesionales de Criminalística tomaron muestras que serán analizadas para tratar de esclarecer qué pasó con Edwin Guillermo y José Patricio. Después de horas en el interior y exterior de la vivienda, se retiraron.
Allegados de los desaparecidos habrían contado a los investigadores que los dos hombres, originarios de Ecuador, tuvieron hace meses una pelea en un bar con otros sudamericanos y que, tras la misma, sentían temor, porque sus rivales podrían ser personas peligrosas, dijeron estos familiares.
Ya registraron el coche
El coche de José Patricio ya fue registrado a fondo por los investigadores. Lo encontraron en Murcia, días después de que se perdiese el rastro de los amigos, y en él iban tres personas.
Los profesionales de Criminalística buscaron en el interior del turismo restos biológicos y otros indicios que contasen la historia de qué pasó.
Esperanza diluidas
Los parientes de los ecuatorianos admitían, a principios de este verano, que a veces tenían la sensación de que la Guardia Civil no estaba dejándose la piel en la búsqueda. Con el fin de que ni los investigadores ni la sociedad olvide el caso, montaron concentración en la Plaza del Ayuntamiento de Totana, municipio donde residen varios de los allegados de estos amigos.
Los allegados ya eran entonces conscientes de que, conforme pasan los días, bajan las posibilidades de encontrar sanos y salvos a los dos amigos, que podrían estar retenidos contra su voluntad y sin posibilidad de contactar con sus seres queridos. Sin embargo, admiten que es difícil conservar la esperanza de que el asunto tenga un final feliz.
La Benemérita ya no rastrea con drones, perros y el helicóptero la zona de Mazarrón en la que los móviles de los desaparecidos dejaron de dar señal. Los trabajos de búsqueda se prolongaron durante días, pero terminaron sin pistas.













