Un monumento mejor que una lápida

El Ayuntamiento de Cangas del Narcea, que preside un alcalde avispado y de derechas, va a levantar un monumento a los ganaderos asturianos. Se antoja una propuesta romántica que si de Bruselas dependiera, el mármol a emplear sería para una lápida. Para los burócratas europeos, el mejor homenaje consistiría en una vaca flaca hinchable, con inauguración en horario de oficina y previo visado en ventanilla. Esos personajes de corbata reciclable consideran que el campo no es un paisaje ni un modo de vida sino una hoja de cálculo donde apuntar subvenciones. Desde la lejanía europea, se toman decisiones tan trascendentales como el grosor reglamentario de una montaña de cucho o la talla homologada de esquilas y cencerros.

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