Los sueños no dependen de la edad con la que se afrontan, sino de la pasión que se ponga en cumplirlos. Cuando un médico le recomendó a Miguel Socorro (7 de noviembre de 1961, Las Palmas de Gran Canaria) que tenía que hacer más actividad física al detectarle un poco de grasa en el hígado, no llegó a imaginar que 15 años más tarde iba a viajar hasta Sídney, Australia, para afrontar uno de los mayores retos de su vida: acabar su séptima World Marathon Major –el circuito planetario de esta especialidad–.
El corredor grancanario, que está afincado en Fuerteventura desde 1985, dio un vuelco a su día a día tras aquella charla médica. No le costó demasiado a pesar de llevar en ese momento una vida sedentaria. «Jugué muchos años al fútbol, llegando a formar parte del Hespérides, del Claret y del Corralejo, cuando me mudé a Fuerteventura. Al abandonar el fútbol empecé con el pádel, pero sobre 1986 dejé toda práctica deportiva hasta que comencé a caminar por prescripción médica en 2010 y el cuerpo me pidió, poco a poco, que fuera a más», relata el maratoniano.
Después de coger soltura en sus caminatas, llegaron los tramos en los que encadenaba el caminar con el correr; el gusanillo del deporte le había picado de nuevo. Ahí, en esos recorridos que desarrollaba por las avenidas majoreras, le ofrecieron vivir una nueva aventura en forma de carreras de montaña: «Fue un compañero corredor de La Palma el que me propuso recorrer las Islas participando en distintas pruebas y acepté. Hicimos la BlueTrail en Tenerife, la Transgracanaria, la Transvulcania en La Palma… Nos recorrimos todo el Archipiélago entre 2012 y 2015. Ahí fue cuando le pregunté si me veía listo para un maratón, me dijo que sí. Conseguí terminar uno y a partir de ahí mi vida cambió por completo».
A pesar de no haber estado en contacto nunca con los circuitos sobre asfalto, aunque sí con las versiones extremas de las carreras de trail canarias, Miguel Socorro dio el paso sin pensarlo mucho. Su primer reto de relevancia fue en uno de los maratones más míticos de todo el calendario mundial, el de Nueva York. En mayo de 2015 cruzó el charco para conseguir atravesar la línea de meta en la Gran Manzana. Allí, todavía con la adrenalina de haber conseguido un hito vital de tal magnitud, tal como relata el propio deportista isleño, puso la «oreja y escuché a otros corredores hablar sobre que existía una meta muy bonita y era poder terminar todos los Majors. Me gustó la idea y me propuse la idea de intentar conseguirlo».
En aquel entonces, cuando esa ambición de Socorro le empujó a volar por el mundo, había un total de seis pruebas que eran conocidas como las World Marathon Major.
Tachando objetivos
Año tras año, Miguel las fue tachando todas en su libreta de objetivos, y sin fallos. En 2016 terminaba la de Londres, en 2017 dio por completadas las citas de Tokio y de Chicago. En 2018 hizo lo propio con el de Boston y en 2019 completó el círculo con el de Londres. Gracias a esas conquistas alcanzó el honor de convertirse en un atleta six stars, que es la forma en la que se conoce popularmente a los pocos atletas que finalizan todos los grandes maratones del planeta. El gran objetivo se cumplió y, todo ello, en menos de diez años desde que comenzara de nuevo a practicar deporte. Sin embargo, no era el momento de detenerse, de rendirse, ni mucho menos.
No obstante, en esta historia de superación y búsqueda de nuevos horizontes, no todo fue de película. Miguel Socorro se propuso, con éxito, terminar las maratones más importantes de España (Madrid, Valencia, Barcelona, Sevilla y San Sebastián). Aun así, en el año 2022 y mientras corría la cita del País Vasco, cayó lesionado y tuvo que parar durante un largo periodo de tiempo: «Hice una locura. Intenté recuperarme de una fascitis plantar rápido y me planté en la carrera. Los primeros siete kilómetros fueron bien, pero después sentí un taponazo y, en lugar de retirarme, hice los siguientes 35 kilómetros cojeando. Ese esfuerzo me produjo una grave lesión en el ligamento cruzado y el menisco».
A pesar de ello, Miguel Socorro aprendió la lección con ese revés y tomó la decisión de contratar a un entrenador personal, ya que San Sebastián no sería el final de los retos para el runner grancanario. La vida le tenía preparada otra empresa más, porque el calendario de los grandes maratones se iba a ampliar pronto: «En 2022 sabía que Sídney podía llegar a obtener la categoría de Major y fue la meta que me marqué. Me he preparado para ello de forma contundente para terminarla, pero no quiero quedarme ahí, porque después van a llegar las siguientes: en 2026 es probable que se introduzca una en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, y en 2027 otra en Bangkok, Tailandia. Ese es mi próximo gran objetivo: poder acabar las nueve grandes».
Corriendo con el corazón y con ese placer indescriptible que solo se siente cuando se cruza la meta, Socorro inicia ese camino en las antípodas de Canarias. No importa la distancia cuando alguien tiene un sueño y lo persigue hasta alcanzarlo; en el caso de Miguel lo hace con el deseo voraz que caracteriza los grandes aventureros.
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