Hasta hace poco, Donald Trump había sido juzgado, fundamentalmente, por sus éxitos y sus fracasos en política exterior y la defensa de los intereses comerciales de su país: Oriente Próximo, Ucrania, y el despliegue de nuevos aranceles. Sin embargo, en agosto, ha llevado a cabo una ofensiva en política interior que ha suscitado preocupación tanto dentro como fuera de Estados Unidos. Entre las medidas adoptadas destaca el despliegue de la Guardia Nacional en la capital, y otras iniciativas que pueden atentar contra las libertades protegidas por la Constitución de 1789. Es como si Trump hubiese llegado a la conclusión de que los éxitos son más fáciles de conseguir, o de exhibir, en política interior que en el inextricable mundo de las relaciones internacionales. Durante un mes en el cual las Cámaras han estado de vacaciones, el presidente ha sido prolijo en órdenes ministeriales, tuits desabridos y declaraciones a favor de acciones que pueden resultar lesivas para las libertades.
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