Antes de que el mundo se detuviera con la pandemia, el padre de Danilo Pedone hablaba con insistencia de un sueño por cumplir, el poder vivir en Canarias.
Ese deseo quedó en suspenso cuando falleció en 2018. Dos años más tarde, su hijo Danilo decidió recogerlo como herencia y convertirlo en una aventura compartida junto a su mujer, Zanetta Irene Zenna, y sus tres hijos, Fabrizio Pedone, Giordano Pedone y la pequeña Giada Pedone.
El sueño que cruzó el mar
La familia aterrizó en El Carrizal con la convicción de que había llegado el momento de arriesgarse. No partían de cero, porque contaban con experiencia. En Roma, Danilo había gestionado varias pizzerías y la cocina había marcado su vida cotidiana.
El recuerdo de su padre se convirtió en motor para emprender y en enero de 2025 firmaron el contrato que les permitió abrir Colosseum, un pedazo de Italia en Gran Canaria. «Tuvimos una oportunidad y decidimos empezar el proyecto juntos», recuerda Fabrizio.
Lasaña / Andrés Cruz
El inicio no estuvo exento de incertidumbre. «Nada más venir nos dijeron que todos los restaurantes que habían pasado por aquí cerraban en cuatro meses, pero nosotros llevamos siete ya», afirma Danilo.
A pesar de las advertencias, apostaron por la constancia y el 17 de enero celebraron la apertura con un karaoke que desbordó el local y marcó el tono de lo que vendría después.
«Nuestro punto fuerte es el horno de leña», recalcan. Cuidado como un tesoro familiar, define el carácter de su cocina. El fuego aporta un sabor imposible de reproducir con electricidad o gas, mientras que la masa se prepara desde el día se trabaja con proveedores italianos de confianza como Nannina.
La carta: un viaje a Roma
De ese cuidado nace una carta que es casi un viaje directo a Roma desde el Atlántico. Bruschettas de tomate o de aguacate con jamón, montanare fritas, croquetas de papa con mortadela y pistacho, lasañas y tiramisú artesanal.
Entre sus joyas están los supplì, croquetas de arroz con tomate y mozzarella. «La gente dice que nunca han probado algo así», cuenta Fabrizio. Asimismo, la pizza más solicitada es la de gambas, atún y jamón cocido. «En una sola noche podemos preparar hasta veinte», añade Danilo.
La fuerza de hacerlo en familia
El día a día en Colosseum funciona avanza como una coreografía en la que cada miembro tiene su papel. Danilo y Fabrizio se reparten la responsabilidad de las pizzas, Giordano atiende en sala y Zanetta organiza la cocina y prepara los platos tradicionales que recuerdan a Roma.
La jornada comienza temprano, cuando se termina la masa y se enciende el horno, que tarda más de una hora en alcanzar la temperatura adecuada. Después se elaboran los postres, se cortan ingredientes, se ordenan las mesas y todo queda dispuesto para que al caer la tarde la sala funcione con precisión. El límite está en 120 pizzas al día, porque no quieren perder calidad y prefieren mantener un control riguroso.
Ese esfuerzo se traduce en la confianza de los vecinos, que han convertido el restaurante en un lugar propio. No es el turismo masivo, sino la repetición constante de quienes valoran un espacio auténtico. Algunos llegan cada domingo a la misma hora, piden las mismas pizzas y los mismos supplì y cumplen ese ritual con fidelidad. Otros descubren sabores nuevos, como el bocadillo elaborado con pan de pizza, servido caliente y relleno al gusto.
Con apenas siete meses, Colosseum ha superado las expectativas iniciales. Las redes sociales, las reseñas y la recomendación boca a boca hicieron que en pocos días pasara de ser un local nuevo a convertirse en un punto de encuentro. Ese impulso no ha cambiado la esencia del proyecto, que sigue girando en torno a la unión familiar.
Un futuro prometedor
El futuro se vislumbra con ilusión. La familia sueña con abrir un segundo local en el sur de Gran Canaria y un tercero en la capital, aunque saben que el verdadero valor está en mantener intacto el espíritu que los define. «Queremos que cuando alguien coma aquí se sienta como si estuviera sentado en Italia», afirma Danilo.
En esa convicción queda claro que Colosseum no es únicamente un restaurante, sino la materialización de un sueño heredado, un tributo a un padre y abuelo que nunca llegó a vivir en la isla, pero cuyo sueño sigue vivo en cada masa.
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